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3 de enero de 2010

El inicio del primero del año

Una húmeda y llorosa soledad



A mis padres



Como una pintura lavada en una pared

así fue tu soledad.

Como el trinar de un pájaro en la inmensidad del bosque,

como los fríos pies de una mujer bonita,

como la lluvia cayendo sobre la calle.



Desde el vientre de tu madre,

una soledad que colgaba de un trapecio sin trapecista,

una soledad pegada a la piel con el sudor del medio día,

una soledad arrullada por las nostalgias,

se pegó a tus ojos.

23 de agosto de 2009

Y la vida encuentra un reposo...

Lugares primeros/lugares de origen


El dolor bautizó mis entrañas en un tránsito por la vida haciéndose lluvia y fuego.
Engarzadas, enredadas, despellejadas,
están en la reja azulgris del antejardín de mi cuerpo.
Desde allí se escuchan,
llorosas y comprensivas,
me hablan, me susurran, me confiesan sus pecados,
me lloro y me comprendo.
Como un milagro esperado el lapislázuli en cruz me da la absolución.

El fondo de mi vientre,
depósito fértil de mis entrañas,
sin rezago de dolor,
espera y clama,
como si ahora tuviera diez años,
doce, trece o treinta y tres.
Como si volviera al lugar primero.
Como si la mirada nostálgica de aquel niño,
hiciera huella en los caminos de mi propio cuerpo,
como si sus manos ausentes,
como si su cuerpo que apenas despuntaba formas y movimientos,
me poblara las cejas, las manos, las piernas y los labios
con el olor de añoranza,
con el sonido de una caja de música.
Como si volviera al lugar de origen.

Como si las palabras no dichas por no conocerlas
dibujaran los caminos para que ahí se hiciera vida,
para que allí naciera la fuerza,
para que allí nacieran los caminos de la espera,
los caminos del encuentro.

Ahora que mis entrañas están renovadas
por el dolor, las lágrimas, la sangre
y,
la vida,
me embriago durante el día con el sonido de las voces
y
me seducen las imágenes del hoy, del ayer.
Me entrego sin temor.

Un pasado que se hace presente,
va cubriendo de pasos,
pasos tuyos,
pasos tiempo,
pasos deseo,
pasos corazón,
el camino hacia el antejardín de mi cuerpo.
Recorre el hueco de mi ombligo con tus dedos de hoy y de mañana,
encuentra un puerto despejado
en los pliegues de mi cintura o de mis caderas,
y renuévate allí como el presente.
Bautízame ahora con la pureza del recuerdo,
del recuerdo de las manos
y
de los abrazos.

Devuélveme la historia,
la que a dos manos se escribió,
la que a la luz de una lámpara de petróleo
se hizo perdurable,
se hizo hogar,
se hizo pan recién horneado,
se hizo olor a llano,
se hizo color a atardecer.
Se hizo lugar primero.
Se hizo lugar de origen.

29 de julio de 2009

Grave enfermedad

1856 - 1897

A veces pienso que estoy viva
¡Que estupidez!

Desciendo a la muerte día a día,
noche a noche,
no puedo evitarlo,
¿alguna vez pude?
Me arrastra un río de sangre, huesos, bilis,
un río de tiempo,
el río de un siglo atrás.

Soy yo la que regresa a la tumba que no encontré,
soy yo la que se transforma en huesos pulverizados,
soy yo la que no puede suplicar a un corazón seco cubierto de olvido.

Percibo entre la neblina, con olor a muerto, tu sonrisa,
no te veo, pero estás cerca, cada vez más cerca,
y, de repente,
mis mejillas son de nuevo tu asilo,
el asilo de tus manos cargadas de ira,
mis labios se convierten en una línea delgada de dolor,
mis ojos, mis grandes ojos, se llenan de agua de mar agobiado,
se inundan de agua de lluvia triste,
de lluvia fina,
de lluvia que ya ni siquiera nombrarla puedo.

Mi cuerpo se desploma sobre una fría lápida,
1856-1897,
clavada en un jardín de muertos,
y lloro,
lloro porque me quedé en el mundo de los vivos sintiéndome una muerta,
lloro porque palabras, tengo en exceso; pero no me salvan.
Se necesita más que palabras para respirar.

Lloro porque el alma es estéril.

Un alma aniquilada,
un asustado cuerpo,
que está cansado,
muy cansado,
muy silencioso,
cubierto de agua y sal,
protegido con cicatrices que ya no sangran,
abrigado con telarañas de horror y miedo,
un cuerpo paralizado que no tiene lugar.
¿Es tan doloroso el cuerpo?
¿Es tan fría el alma?

Se desgaja un manantial de olvido,
todo deja de existir,
un manto oscuro de indiferencia
me hace vomitar,
y el estómago me duele,
y mi columna no me sostiene,
y mis rodillas flaquean,
y mi cabello se cae,
y mi boca se seca,
y mis ojos se llenan de nubes prematuras,
sólo mis dedos se empeñan en recuperar algo de vida
aunque me duelan mis manos.
La enfermedad soy yo,
para mi no tengo cura.

Voy a llorar.
Un instante tras otro,
una hora tras otra,
un día tras otro,
una noche tras otra,

Voy a llorar,
porque ya no puedo hablar.
Voy a llorar,
porque es la tinta a través de la cual escribo mi agonía.

Voy a llorar,
en un acto de sinceridad,
porque no hay otra forma de aliviar esta enfermedad.

La enfermedad de recordar los muertos, los vivos.
La enfermedad de soportar pequeñas porciones de cementerio que componen la vida.
La enfermedad de obligarme a buscar el sentido de realidad.

Hoy estoy más enferma que nunca,
no es importante,
sólo es grave.

Hoy estoy más enferma que nunca,
enferma desde hace un siglo atrás.

1856 – 1897
Un último vistazo a la tumba de mi dolor.

7 de agosto de 2007

La Memoria


“La memoria…, no es una facultad de clasificar los recuerdos en un cajón o de inscribirlos en un registro. No hay registro, no hay cajón, aquí no hay siquiera propiamente hablando, una facultad, porque una facultad se ejerce de modo intermitente, cuando ella quiere o cuando ella puede, mientras que el amontonamiento del pasado sobre el pasado prosigue sin tregua. En realidad, el pasado se conserva por sí mismo, automáticamente” (Bergson, 1994:47)

A propósito de la memoria, a propósito de los recuerdos, a propósito de los días de lluvia que presagian tormentas interiores, los olores nostálgicos y las imágenes que se hacen vida a través de los sueños, recupero del baúl de mis letras, pequeños fragmentos, como una posibilidad de salvarme ante la ineluctable desesperación, que emerge sin razón o con razón…sin tener siquiera la oportunidad de hacerlo palabra, acto o acontecimiento.

“Nada me ha conmovido más que aquellos cuya renuncia permanente al amor es el refugio más cálido, renuncia como forma de sobrevivir, de sobrellevar su fuego interior, me estremece profundamente cuando ante la renuncia sólo se advierte el silencio y la distancia”… Me empiezo a estremecer profundamente.

“Y ahí estaba yo, absorta, ensimismada en mi lectura. De cuando en cuando levantaba mi mirada con el ánimo de encontrarme otra mirada similar brotando ternura, vertiendo nostalgia, sólo así sabría que mi búsqueda incurable habría terminado. Pasarían muchos años hasta que un día al despertar sentí el cansancio de la búsqueda, el dolor de mis manos anhelantes y laboriosas que ya habían pasado tantas páginas, pero el agotamiento de mis ojos sólo me dejó percibir sombras difusas, mi cuerpo advirtió su propia pesadez y vértigo… Esa mañana no hice nada para levantarme, la inercia existencial se me acurrucó en el alma y en la conciencia se me hizo un nudo”… No sé si hoy estoy despertando o intentando dormir.

“En mi vida hay una imagen anhelada… Yo, a este lado de la orilla, descubriendo las corrientes mansas de un río, que arrastra consigo el rumor de los mares y los océanos profundos de tierras lejanas, mientras por mi garganta baja un sorbo de vino añejo, de vino con más años”… Me descubro anhelando, no ofrezco disculpas, ni pido perdón.

“Entre el verano y el invierno se entreteje la nostalgia. Cual misterioso es el arribo del amor, desconozco si llega como bálsamo para las heridas abiertas tras el paso de los años o, sencillamente se convierte en una premonición, en un movimiento que vaticina vendavales y muertes”… Ese es el único amor que ofrezco, la única soledad poblada que doy; la soledad es un estado interior, no una condición temporal y espacial.

“Soy la locura que me mantiene viva, cuando la rutina mental se hace presente pierdo el camino, pierdo el mapa, pierdo las coordenadas y me agoto, entro en un estado de amodorramiento espiritual… ¿Cómo encontrar el norte? ¿La existencia misma no basta? ¿El correr no es suficiente para construir diariamente la vida? No puedo ser una gran certeza”… No quiero curarme de mis delirios.

1 de mayo de 2007

A propósito de nuestra realidad




Una triste realidad

Cuándo tendremos que dejar nuestros afectos,
nuestros sueños, nuestras esperanzas...
Cuándo vendrán por nuestros hombres
y mujeres, nuestros jóvenes y nuestros ancianos.
Me pregunto
En qué momento nos pesaran
todos los muertos y desaparecidos,
convertidos en el eje de nuestra historia.
La sangre nunca secará,
las heridas propias y ajenas estarán abiertas
y como tragedias vivirán
En el corazón de la memoria.
¿Nos quitarán acaso
poco a poco
Los pedazos de nuestra memoria?.
Y, mientras tanto
soñamos,
sólo soñamos.