Mostrando entradas con la etiqueta Erotismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erotismo. Mostrar todas las entradas

21 de julio de 2013

Emociones

Desborde
A ti, incitador de mi desbordada emoción.

Camino por la Avenida Paulista en Sao Paulo,
camino por la Mitad del mundo en Ecuador,
camino por el Gran Canal de Venecia,
camino por la orilla del Río Magdalena,
camino por las tumbas ancestrales de San Agustín,
camino por las murallas de Cartagena.

En el hacer camino tejo mi desborde,
le doy vida,
le doy aliento,
le doy fuerza,
los acordes que resuenan en mi corazón
retumban en mi territorio,
en mi patria,
bien sabes cuál es.

Siento,
presiento,
lo siento por el mundo.
Bocanadas de aire me ahogan,
se hincha mi pecho,
se contrae mi vientre,
se dilatan mis fosas nasales.
Respiro,
lanzo una plegaria al universo
por mí,
por ti,
por ellos,
por los que se fueron,
por los que vendrán.

Me recojo
en ti,
me quedo
en ti,
me desbordo
en ti.
Camino a través de la línea que te divide.
Camino por la historia que fuiste.
Camino por el alma del hombre que eres.

En tu camino tejo mis desborde.

Afirmaciones

Irremediablemente
 
A ti
 
Si,
irremediablemente,
hoy habitas en la casa de mi alma,
has atravesado el largo corredor de mi mente,
ya no te pienso,
te siento...
 
A la puerta nadie llamó,
ni escuché alguna voz,
confiada estaba
en que el manojo de llaves que me abrían,
extraviado se encontraba en el universo infinito,
en oscura y misteriosa espera
con la certeza
de no ser encontrado nunca.
 
Irremediablemente,
ahora las puertas están abiertas,
las habitaciones de mi alma,
están pobladas
de ausencias presentes,
de presencias ausentes,
de palabras que se transforman en necesidades,
de distancias que no duelen,
de llamados,
de voces,
de risas y temores.
 
Desde el jardín florido de mi casa,
sentada bajo una cascada de emociones,
cristalinas y puras,
advierto que te esperaba
para envolverte en sensaciones
y poesías.
 
La casa de mi alma,
respira,
canta,
danza,
con la certeza
de saber
que estás.
 
Estás.
Llegas.
Vienes.
 
Irremediablemente
la casa de mi alma,
remecida
hoy se encuentra,
y,
por fortuna de mi alma,
sin grietas alguna.
 
Hoy ya no te pienso,
te siento,
porque habitas en mí,
sin que me hayas habitado nunca.

Encuentros


Cómplices/Testigos

Al ser que me habita hoy

La noche fue cómplice de susurros,
de voces hacedoras de historias,
de sensibilidades despiertas
a través del movimiento de dedos invisibles,
exploradores,
descubridores,
generosos en recorridos.

La noche fue cómplice
de mi resbalosa humedad,
de mi garganta seca,
de mi piel despierta,
de mi sangre más que tibia.

En otro lugar,
tu,
recibiéndome,
 invitándome,
convocándome,
llamándome.

Yo,
en este lugar,
ahogándome
en susurros
a través
de tu voz.

Ventanas Abiertas

Podría/Quiero

Al ser que me habita hoy

Podría pensar que llegas a mi alma con un propósito,
podría pensar que vienes sin anunciarte,
podría pensar que te vas sin avisar,
podría pensar que al irte jamás desaparecerás...

Pero no quiero pensar... 
Quiero vivir el sentido de tu llegada, accidental o no, tu llegada,
quiero vivir el sentido de este camino lento,
quiero vivir el sentido de una partida bañada de nostalgia productiva,
quiero vivir el sentido de que habites en mí aún a pesar de ti mismo, de mi misma...

Sin duda, 
lo pienso,
lo vivo,
sin duda,
empiezo a extrañarte...

3 de septiembre de 2009

Aún en una especie de sopor nostálgico



El camino de un último recuerdo


En un jardín oscuro, espeso, selvático,
regado por mi nostalgia,
floreció un último recuerdo.

Un último recuerdo.

Tu olor se quedó adherido a mi piel,
mis entrañas se llenaron de la nostalgia de la tarde,
tu boca se hizo boca en la mía,
y,
mis manos alzaron vuelo como las aves en el cielo.

Las caricias se desprendieron del cuerpo,
Los besos se quedaron colgados en las líneas de la noche,
las voces se perdieron en los abismos del silencio,
y,
el arquitecto del horizonte más lejano tenía tu nombre.

Caminé despacio,
conté cada uno de mis pasos,
y,
en el último paso,
en ese último escalón,
en el que el camino encontraba el final,
un último recuerdo se hizo luz.

23 de agosto de 2009

Y la vida encuentra un reposo...

Lugares primeros/lugares de origen


El dolor bautizó mis entrañas en un tránsito por la vida haciéndose lluvia y fuego.
Engarzadas, enredadas, despellejadas,
están en la reja azulgris del antejardín de mi cuerpo.
Desde allí se escuchan,
llorosas y comprensivas,
me hablan, me susurran, me confiesan sus pecados,
me lloro y me comprendo.
Como un milagro esperado el lapislázuli en cruz me da la absolución.

El fondo de mi vientre,
depósito fértil de mis entrañas,
sin rezago de dolor,
espera y clama,
como si ahora tuviera diez años,
doce, trece o treinta y tres.
Como si volviera al lugar primero.
Como si la mirada nostálgica de aquel niño,
hiciera huella en los caminos de mi propio cuerpo,
como si sus manos ausentes,
como si su cuerpo que apenas despuntaba formas y movimientos,
me poblara las cejas, las manos, las piernas y los labios
con el olor de añoranza,
con el sonido de una caja de música.
Como si volviera al lugar de origen.

Como si las palabras no dichas por no conocerlas
dibujaran los caminos para que ahí se hiciera vida,
para que allí naciera la fuerza,
para que allí nacieran los caminos de la espera,
los caminos del encuentro.

Ahora que mis entrañas están renovadas
por el dolor, las lágrimas, la sangre
y,
la vida,
me embriago durante el día con el sonido de las voces
y
me seducen las imágenes del hoy, del ayer.
Me entrego sin temor.

Un pasado que se hace presente,
va cubriendo de pasos,
pasos tuyos,
pasos tiempo,
pasos deseo,
pasos corazón,
el camino hacia el antejardín de mi cuerpo.
Recorre el hueco de mi ombligo con tus dedos de hoy y de mañana,
encuentra un puerto despejado
en los pliegues de mi cintura o de mis caderas,
y renuévate allí como el presente.
Bautízame ahora con la pureza del recuerdo,
del recuerdo de las manos
y
de los abrazos.

Devuélveme la historia,
la que a dos manos se escribió,
la que a la luz de una lámpara de petróleo
se hizo perdurable,
se hizo hogar,
se hizo pan recién horneado,
se hizo olor a llano,
se hizo color a atardecer.
Se hizo lugar primero.
Se hizo lugar de origen.

7 de mayo de 2009

Historias breves de Amor


Nos despedimos en el puerto del alma

A través de sus movimientos de acuarela lavada se desliza la viscosa humanidad.
El filo del abismo se dibuja húmedamente a través del roce de sus cuerpos,
y, una oscuridad expulsada desde sus animales vientres
cubre el rostro de los amantes,
desdibujado por la marea de un caprichoso océano de piel y sudor.

Como imágenes atemporales sus miradas se cruzan
y en la lengua una gota de saliva destella.

La puerta al cielo y al infierno
se ilumina en las rosáceas cavidades
que palpitan al compás del crujido de cadenas que atan los cuerpos.

El extravío,
el efímero goce,
se diluye en poros abiertos que transpiran naturaleza.

La violencia suavizada por una lluvia de lágrimas y cabellos,
al situarse en el hueco existente entre dos cuerpos amarrados entre sí,
los arroja al vacío,
sedientos, hambrientos.

Cuerpos tan sucios, cuerpos tan limpios,
tan amados y tan abandonados.
Cuerpos esparcidos en un universo único de bocas secas.

Suspendidos y abstractos,
vuelven a ser tierra, sal, sudor, carne.

Los amantes,
concretos, materiales, andantes,
tan extraños, tan furiosos, tan perdidos,
danzan colgados en las notas azules de una trompeta.

Se separan con un toque tímido en las punta de sus dedos.
Tan minúscula caricia, tan profundo sentido del adiós.

En el puerto,
bajo una farola agonizante,
los amantes se dicen adiós.

4 de mayo de 2009

Llega Mayo con una historia



La historia de Él y Ella o la huella del primer amor

A vos en tu cumpleaños


Ella, una mezcla de inocencia y deseo, olía a lo que huelen ciertas tardes, a mango dulce. Él, una mezcla de pasión y fuerza, olía a panela recién batida, al acaramelado sabor del aire vallecaucano. Entre mezclas y olores, sin conocerlo aún, los ojos de ella, tan oscuros y brillantes, lo perseguían en forma silenciosa; los ojos de él, escudriñándola apenas, tan tristes y profundos, aprobaban tal persecución. Ella, al sentirse sorprendida, bajaba su mirada y avergonzada seguía escribiendo en su cuaderno frases inconclusas, palabras ininteligibles y, algunas veces, como la mujer que apenas desovaba su adolescencia, garabateaba el nombre de él al lado del suyo.

Las miradas se cruzaban cada tarde de lunes en ese salón. Ella, hasta ese momento, así se comportaba, esperaría que él la abordara. Aunque estaba en completa evidencia, consideraba digno de una mujer esperar el cortejo sin afán, sin prisa; aunque dentro suyo el corazón latiera con mayor fiereza cada día; aunque el único recuerdo, construido hasta el momento, una casual mirada de él – la que él nunca recordó, según ella – le quemara todo su cuerpo. Un día dos del mes de Mayo, las miradas se encontraron, las voces ya lo habían hecho. Del encuentro de miradas y voces, por iniciativa de él, se extraviaron en el encuentro de los labios y, por iniciativa de ella, ella se abrazó a su cuerpo con la seguridad de encontrar unos brazos fuertes que la rodearan con pasión. Se acunó en su pecho, se acunó en el mundo que apenas estaba descubriendo, y para su sorpresa, el mundo se abría ante sus pies como un mundo infinito, lleno de posibilidades. Un mundo pleno de sensaciones, sensaciones desconocidas, que bañaban su cuerpo. Un mundo mágico desprendido de las manos de él, manos que ya habían dibujado rutas diversas por su espalda, caminos a recorrer, viajes que estaban por llegar. Un mundo cubierto de aromas que su nariz no conocía. Un mundo que parecía reducirse en un beso, en un solo beso. Para ella, ese era su límite. Ella embriagada, excitada, sobresaltada, buscó los labios de él y, por primera vez en su vida, sintió como una boca – la de él – encontraba el camino correcto hacia la de ella. Abrió su boca – la de ella – y su lengua – la de él – recorrió todo lo que en ella había de íntimo.

Nadie coloniza el mundo, nadie descubre el mundo, sin un camino anterior. En ella había apenas el asomo de un sendero; en él, largos caminos. El asomo de sendero se impuso, la obligó – ella se sintió obligada, algún día me lo dijo avergonzada – a volver, a andar con pasos pequeñitos, con zapaticos de niña. Los caminos de él también se impusieron – alguna vez él me dijo que había querido protegerse –, recogió el mundo que ella le estaba devolviendo con dolor y se alejó. Las pasiones que un día se han desatado, inexorablemente han de encontrar el cauce de nuevo. Él lo sabía, ella apenas lo descubriría años después.

Se despertó ella un día de Agosto, dio pasos grandes, buscó los zapaticos de niña y los quemó. Su mamá – la de ella – me contaría tiempo después que sólo había guardado las cintas de los zapaticos como testimonio de su encantadora metamorfosis. Ese día de Agosto, no peinó sus cabellos, dejó al descubierto sus pies y puso brillo en sus labios. Fue a buscarlo a él. Lo que ella no sabía es que nada empieza de nuevo en el punto en que se ha dejado. No sabía que la pasión es como un tejido, se retoma en la última puntada, pero esta requiere ser desbaratada para rehacerla otra vez. Ella no sabía nada de eso, no tenía por qué saberlo, nadie se lo había explicado. Ella, rebosante de alegría, salió a buscarlo.

Me dijeron que ella lo encontró – a él –. Me lo dijeron porque a ella no le gustaba hablar de esta parte de la historia. Su mamá – la de ella – siempre con los ojos me pedía que omitiera las preguntas sobre esta parte de la historia. Lo encontró cantando un tango. Él cantaba desgarrado: “Solo y triste por la acera va este corazón transido con tristeza de tapera. Sintiendo tu hielo, porque aquella, con su olvido, hoy le ha abierto una gotera. ¡Perdido! Como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra... Garúa... tristeza... ¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!”. En la mirada de él, ella descubrió que estaba triste, pero no era por ella.

Ella. Ella no lloró. Él. Él no sonrío. Él le entregó el mundo que en un beso le ofreció, pero limitado esta vez era. Ella lo tomó, lo tomó así, limitado. Él advirtió el brillo en los labios de ella, observó largamente los pies desnudos de ella y en un arrebato llenó de besos su cabello sin peinar. Ella, esta vez, inexperta buscó su cuerpo; sólo que en esta ocasión, ella ondeó ligeramente sus caderas, él le ofreció un lugar en las suyas – en las caderas de él –. Ellos hicieron el amor por primera vez: Él con pasión y fuerza, ella con inocencia y deseo; una mezcla de olor a mango dulce con olor a panela recién batida inundó la atmósfera en la que nacía un encuentro nuevo.

Él le regaló un libro, ella le regaló su primer poema. Él le regaló unas lágrimas, ella le regaló su silencio. Pero nadie advierte que las pasiones primeras están destinadas a andar por caminos separados. Ella no lo sabía, pero tampoco creo que deseara saberlo. De él, sólo sé que sigue escribiendo en alguna ciudad de su sur. Ella, aparece de vez en cuando para contarme la historia de su primer amor.

30 de abril de 2009

Cerrando abril


Una gota de ámbar

No quería nombrarte.
pero a nombrarte me has obligado.

Me agotaste.

Te clavaste a la pared de mi espalda,
los grillos de una noche espesa comenzaron a cantar,
cabellos y dientes han quedado regados en el suelo
traídos por libélulas salvajes y prehistóricas.
Una gota de ámbar se forma en mi ombligo.

El sabor amargo de mi boca te nombra pero una corriente oscura se llevó mi voz.
Busco en las enredaderas de mi pasado,
en las rejas del antejardín de mi vida,
pero un apuesto y mequetrefe olvido se burla de mí
No hay lugar para un nombre.

Olvido tu nombre para crearte de nuevo,
debes dejar de existir para hallarte,
para amarte en un amor sin cauce.
Con un puñado de barro en mi mano me siento la alfarera de tu camino.
Deja que sea la tierra y el agua los elementos que te sitúen en el mundo de nuevo.

Así puedes conmigo, no de otra forma.
Así puedes encerrarte en esta oscuridad que me baña,
sin hambre de vida, sin hambre de deseo.
Puedes quedarte en la puerta, pero no toques,
yo saldré de cuando en vez, alguna vez y quizá otra vez.

No me obligues, no puedo nombrarte,
la llama que inflama tu boca en mi cuerpo se extingue si te haces vida,
aliméntate en mi útero, pero no me obligues a nombrarte.
Sólo puedo con pequeñas muertes arrancarte esa rabia del cuerpo,
llevarte hasta un solitario rincón, hacerte sollozar, gemir y llorar.
Pero no puedo nombrarte,
mi corazón es fugazmente sensible a la música de un nombre,
pero el ardor perece pronto, la belleza muere.
No hay lugar para otra sinfonía.

No serpentees por mis piernas,
por mi vientre,
por mi pecho,
por mi cuello,
por mi boca,
no existen puertas abiertas.

Quédate en silencio, callado, mudo,
excitado, adolorido y contrariado,
no soy la fiesta que brota de mi cuerpo,
no soy el licor que embriaga sentimientos,
no agrietes el vidrio a través del que te observo.

No grites tu nombre,
no me nombres tampoco.

Sólo basta una mirada hacia atrás,
y,
en otro momento a nacer, volverás.
En otro momento la gota de ámbar serás.

17 de marzo de 2009

Colores en el alma...


Mujer Niña Arco Iris


A RG,

un ser arco iris también…


Mujer niña arco iris…

Bajo tu piel se halla el color azul,

el color del universo,

el color de tu sensible piel.

Y bajo tu piel vago,

vago por un túnel dulce y nostálgico

cubierto de azul olor…


Mujer niña arco iris…

El amarillo de tus pechos

alimentan al hijo que tienes,

a los hijos que no llegarán,

a los hijos que aguardan aún

en el fondo de tu vientre.

El amarillo de tus pechos

huele a maternidad,

sabe a leche y miel,

sabe a dulce leche dulce.

El amarillo de tus pechos sabe a amarilla vida…


Mujer niña arco iris…

En el blanco de tu cuerpo

se halla el silencio del amanecer,

la calma del mar de mi infancia

por el que navego haciéndome presente.

El blanco de tu cuerpo

es un manto por el que se desliza tu blanca lentitud…


El rojo,

mujer niña arco iris,

te cubre desde los pies hasta la cabeza.

Es el rojo lecho donde busco la piel,

es el lecho rojo donde descanso

después de vagar por un túnel dulce y nostálgico,

después de beber tu amarilla vida,

después de navegar en tu blanco cuerpo.


Cuando llego a tu lecho

el manto se tiñe de rojo,

a través de él se deslizan las palabras

hasta la estación de los sollozos y gemidos,

hasta el manantial de las felices lágrimas,

rojas lágrimas,

blancas lágrimas,

amarillas lágrimas,

azules lágrimas.

Arco iris lágrimas,

lágrimas arco iris…


Mujer niña arco iris

brillan tus colores en la oscuridad,

irradian dulzura, vida, deseo.

Tus colores llenan los pequeños huecos de mi piel,

tus colores se confunden con mis olores a mundo,

con mis olores a desamor,

con mis olores a tristeza,

con mis olores de ausencias.


Mujer niña arco iris

viene de nuevo el sol

después de la lluvia de tus colores.

26 de mayo de 2008

Nocturnos y Diurnos

4
Entre la noche y el día


Te ha reclamado mi cuerpo
en la noche,
sus gritos insoportables
te buscan.

Agobiado se resigna,
no hay rastro de ti,
no hay huella a seguir,
no hay recuerdos a alimentar.
Sudores y temblores,
lágrimas y sangre,
sueños y deseos,
te dibujan en la oscuridad.
Duele mi cuerpo en la noche.

Al amanecer,
llega el día,
no quiere despertar,
no quiere buscarte,
no quiere llamarte,
pero te huele,
te siente,
te persigue sin hacerlo.
En el día mi cuerpo se duele.

Entre la noche y el día,
entre el día y la noche,
mi cuerpo se pierde.

En la noche al estar desnudo,
grita,
se funde en la naturaleza oscura de la noche,
en fugaces instantes te halla.
En el día al estar vestido,
llora,
se avergüenza ante la claridad por sentir,
se esconde y llora en las rendijas de las horas.

Las lágrimas de mi cuerpo
me ahogan.
Lágrimas y tormentas internas,
me golpean.



28 de noviembre de 2007

Sensaciones



XXIV.

Mis manos
descienden
por tu cuerpo
como moldeando
esculturas,
dibujando
sentimientos,
desbordando
sensaciones.
Sin prisa te exploran
descansan
en los relieves
de tu mapa
y
hallan
el sentido
para esta noche.

Rocío, Lluvia, Tormenta

A veces ocurre,
ocurre cuando cae la tarde,
pero también ocurre cuando llega la noche,
ocurre así,
en ese momento justo
tu mirada cristal se me clava en el alma;
tu voz arco iris se convierte en mi horizonte;
tus manos mariposas se posan en mi cuerpo;
el alma y la piel se confunden en la línea de una canción,
se mezclan en el desbordado y alocado cauce de la dulzura,
se fusionan en poéticas exclamaciones
y las voces se alzan estruendosamente
entre risas y sollozos.

A veces ocurre,
ocurre cuando despierta el amanecer,
ocurre cuando me transformo en rocío, lluvia, tormenta
extendida a lo largo de la línea de tu espalda
con tus cabellos en mi boca.

6 de abril de 2007

Escrito en el Cuerpo

Collage Mujer de Cabello Largo - 2007
La poesía sólo puede tener sentido si logra arrancar, despojar, a la racionalidad esa implacable manía de ocultar lo más sensible que tenemos los seres humanos: nuestra piel. A través de la piel intuimos la sensualidad del/la otro/a, desplegamos nuestro propio erotismo, cruzamos la frontera entre lo íntimo y lo no íntimo e invitamos a otros/as que la crucen, que tiendan ese puente imperceptible que sólo puede ser producido a través de la caricia, del olor, del sabor. Escritos en diferentes épocas y circunstancias de mi vida estas construcciones poéticas me hacen pensar en la forma a través de la cual escribimos y dejamos historias en nuestra piel y en la piel de otros/as.
Enero de 1995

Eres pasión y sensualidad,
eres sudor y sal,
eres sexo y calor.
Eres un cuerpo lleno de fuerza
que doblega el mío
al descubrir el tuyo en la noche.
al sentir tus manos correr por mis muslos,
al sentir tu aliento en mis mejillas
y ver como enciendes palmo a palmo mi piel.

Sabor a Mar

Me vestiste de besos y caricias
en medio de una oscuridad
en la que sólo resplandecía
el negro intenso de tu mirada
y el blanco virginal de mi piel...

Me cubriste con la furia del mar,
me llevaste a hablar con una estrella
para susurrarte después con gritos sordos
que las ilusiones puestas en mis valles y montañas
se enlazaban a tus caricias húmedas y tibias,
a tus olas que llegaban, se alejaban y volvían
arrojando una promesa,
una promesa envuelta en besos y caricias
y miradas intensas.

Semillas


Soy tierra nueva
bañada con lágrimas de sal
y con surcos arados
sobre mi piel.

Soy tierra fértil
tierra abonada
tierra cultivada
con tus semillas
esparcidas sobre mí.