Nada me habla de tiPodría decirte que estoy rebosante de felicidad,
Podría decírtelo…
cuando todo me huele distinto,
cuando tu olor ya se ha ido de mi cuerpo.
Ya nada me habla de ti,
Soy yo la que se empeña en hacerte presencia con mis palabras.
Nada me habla de ti


En un jardín oscuro, espeso, selvático,
regado por mi nostalgia,
floreció un último recuerdo.
Un último recuerdo.
Tu olor se quedó adherido a mi piel,
mis entrañas se llenaron de la nostalgia de la tarde,
tu boca se hizo boca en la mía,
y,
mis manos alzaron vuelo como las aves en el cielo.
Las caricias se desprendieron del cuerpo,
Los besos se quedaron colgados en las líneas de la noche,
las voces se perdieron en los abismos del silencio,
y,
el arquitecto del horizonte más lejano tenía tu nombre.
Caminé despacio,
conté cada uno de mis pasos,
y,
en el último paso,
en ese último escalón,
en el que el camino encontraba el final,
un último recuerdo se hizo luz.

LA PRINCESA TRISTE QUE DEJÓ DE SER PRINCESA TRISTE/En ese entonces
Voy a hacerme (hacerte) preguntas importantes,
y quizá no tengan respuesta,
pero… quisiera, me urge, saber
¿en qué momento dejé de pensar en la luna como cómplice de tristezas?
¿En qué momento dejó de acompañarme la nostalgia a flor de piel?
¿Se me perdió acaso la mirada fija en una gota de lluvia que se arrastra en un cristal?
¿O mi silencio ya me habla?
Y sintiendo e invocando los hilos dorados que tejen coincidencias
advierto que puedo escuchar mi silencio, tu silencio.
Nos escucho
cuando voy por jardines de sueño,
cuando me alimento de fuentes de colores
y me visto de azul…
Me visto de azul para esperarte,
y, escuchar por fin…
nuestro silencio.

A las diez de la noche caminando bajo la lluvia, con el rostro envuelto en llantos del cielo.
LA LLUVIA
La lluvia poco a poco
va borrando las huellas
que han dejado
las noches
envueltas
en canciones
de promesas
y de adioses.
Poco a poco
voy avanzando
dejando atrás
las utopías
que me regalaste
y olvidaste.
Poco a poco
trato
de hallar
un lugar
donde sea posible
conjugar
mi angustia
con mi soledad
sin abjurar
de la ansiedad.
Voy caminando
y mientras
avanzo
las llamadas
que salen de voces
desconocidas
se confunden
con el ruido
de mis pisadas
y el sonido de la lluvia.
Y sólo logro escuchar
un susurro
que me incita a buscar
una razón para no renegar
de lo desaprendido
de lo desvivido.
XVIII.
¿Dónde se habrá quedado mi confianza,
en qué lugar secreto y lejano
se encontrará?.
No bastaron las palabras,
porque éstas salieron
por las ventanas,
cuando nos miramos y callamos
y tan sólo el murmullo de la noche
reinaba en nuestro silencio.
El eco de tu voz
como un susurro
ahogado en la tristeza
clamaba por un poco de fe.
No te percataste
que aquel brillo
inocente en tus ojos
se había extinguido.
Y, tal vez para siempre.
