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17 de octubre de 2011

Nostalgia lluviosa

Nada me habla de ti


Sólo este olvido que se empeña cada día en ganarme la partida,
esta sensación de nostalgia amarga que se adhiere a mi cuerpo.

Podría decirte que estoy rebosante de felicidad,

Podría decírtelo…

Que oscuros momentos cuando no sé dónde estoy,
cuando no sé cuánto tiempo ha pasado,
cuando todo me huele distinto,
cuando tu olor ya se ha ido de mi cuerpo.

Ya nada me habla de ti,
Soy yo la que se empeña en hacerte presencia con mis palabras.
Vuelve
pero si te digo adiós, di por favor: ¡Quédate!

5 de diciembre de 2009

Víspera


Víspera


En la víspera de la vida y la muerte

se suspendió tu suave respiración,

el rumor de tu risa,

la fuerza de tus delicadas manos.

En la víspera quedó un grito suspendido,

tu grito de auxilio,

mi grito de auxilio.

Un fanstasma escondido en el baúl del miedo

se burla de mi sombra,

se burla de la agonía que respiro.


Como un hueco en la tierra la herida se abre,

el manantial de hiel cubre con su lluvia un cuerpo,

el pecho se hincha, mis ojos se inundan.


En la víspera, muero.
No estoy.


9 de noviembre de 2009

Lo que hacen los días...


Algunas veces - quizá la mayoría -


Algunas veces soy como las notas melancólicas,

que se desprenden de un piano antiguo.


También algunas veces soy como un pájaro,

un pájaro que se niega a seguir la corriente del aire.


Sencillamente algunos días el cielo está tan claro,

que por poco puedo tocar algunas verdades;

sólo que esos días son más tristes que todos,

la luz me agota y me llena la vida de cansancio;

días en los que el alma habla y llora,

en los que la saliva se hace espesa y amarga,

en los que los ojos se cubren de telarañas

y las manos de lodo.


Algunas veces transito por territorios desconocidos,

no importa no saber, no importa lo que es,

y de repente no quiero volver,

no quiero sentir el abismo,

no es miedo,

sólo que me siento feliz,

algo feliz,

un poco feliz.


Quizá ahora escriba la última línea,

ahora quizá sólo quiera cerrar los ojos,

sólo quizá ahora quiera caer lentamente.









3 de septiembre de 2009

Aún en una especie de sopor nostálgico



El camino de un último recuerdo


En un jardín oscuro, espeso, selvático,
regado por mi nostalgia,
floreció un último recuerdo.

Un último recuerdo.

Tu olor se quedó adherido a mi piel,
mis entrañas se llenaron de la nostalgia de la tarde,
tu boca se hizo boca en la mía,
y,
mis manos alzaron vuelo como las aves en el cielo.

Las caricias se desprendieron del cuerpo,
Los besos se quedaron colgados en las líneas de la noche,
las voces se perdieron en los abismos del silencio,
y,
el arquitecto del horizonte más lejano tenía tu nombre.

Caminé despacio,
conté cada uno de mis pasos,
y,
en el último paso,
en ese último escalón,
en el que el camino encontraba el final,
un último recuerdo se hizo luz.

29 de julio de 2009

Grave enfermedad

1856 - 1897

A veces pienso que estoy viva
¡Que estupidez!

Desciendo a la muerte día a día,
noche a noche,
no puedo evitarlo,
¿alguna vez pude?
Me arrastra un río de sangre, huesos, bilis,
un río de tiempo,
el río de un siglo atrás.

Soy yo la que regresa a la tumba que no encontré,
soy yo la que se transforma en huesos pulverizados,
soy yo la que no puede suplicar a un corazón seco cubierto de olvido.

Percibo entre la neblina, con olor a muerto, tu sonrisa,
no te veo, pero estás cerca, cada vez más cerca,
y, de repente,
mis mejillas son de nuevo tu asilo,
el asilo de tus manos cargadas de ira,
mis labios se convierten en una línea delgada de dolor,
mis ojos, mis grandes ojos, se llenan de agua de mar agobiado,
se inundan de agua de lluvia triste,
de lluvia fina,
de lluvia que ya ni siquiera nombrarla puedo.

Mi cuerpo se desploma sobre una fría lápida,
1856-1897,
clavada en un jardín de muertos,
y lloro,
lloro porque me quedé en el mundo de los vivos sintiéndome una muerta,
lloro porque palabras, tengo en exceso; pero no me salvan.
Se necesita más que palabras para respirar.

Lloro porque el alma es estéril.

Un alma aniquilada,
un asustado cuerpo,
que está cansado,
muy cansado,
muy silencioso,
cubierto de agua y sal,
protegido con cicatrices que ya no sangran,
abrigado con telarañas de horror y miedo,
un cuerpo paralizado que no tiene lugar.
¿Es tan doloroso el cuerpo?
¿Es tan fría el alma?

Se desgaja un manantial de olvido,
todo deja de existir,
un manto oscuro de indiferencia
me hace vomitar,
y el estómago me duele,
y mi columna no me sostiene,
y mis rodillas flaquean,
y mi cabello se cae,
y mi boca se seca,
y mis ojos se llenan de nubes prematuras,
sólo mis dedos se empeñan en recuperar algo de vida
aunque me duelan mis manos.
La enfermedad soy yo,
para mi no tengo cura.

Voy a llorar.
Un instante tras otro,
una hora tras otra,
un día tras otro,
una noche tras otra,

Voy a llorar,
porque ya no puedo hablar.
Voy a llorar,
porque es la tinta a través de la cual escribo mi agonía.

Voy a llorar,
en un acto de sinceridad,
porque no hay otra forma de aliviar esta enfermedad.

La enfermedad de recordar los muertos, los vivos.
La enfermedad de soportar pequeñas porciones de cementerio que componen la vida.
La enfermedad de obligarme a buscar el sentido de realidad.

Hoy estoy más enferma que nunca,
no es importante,
sólo es grave.

Hoy estoy más enferma que nunca,
enferma desde hace un siglo atrás.

1856 – 1897
Un último vistazo a la tumba de mi dolor.

30 de abril de 2009

Cerrando abril


Una gota de ámbar

No quería nombrarte.
pero a nombrarte me has obligado.

Me agotaste.

Te clavaste a la pared de mi espalda,
los grillos de una noche espesa comenzaron a cantar,
cabellos y dientes han quedado regados en el suelo
traídos por libélulas salvajes y prehistóricas.
Una gota de ámbar se forma en mi ombligo.

El sabor amargo de mi boca te nombra pero una corriente oscura se llevó mi voz.
Busco en las enredaderas de mi pasado,
en las rejas del antejardín de mi vida,
pero un apuesto y mequetrefe olvido se burla de mí
No hay lugar para un nombre.

Olvido tu nombre para crearte de nuevo,
debes dejar de existir para hallarte,
para amarte en un amor sin cauce.
Con un puñado de barro en mi mano me siento la alfarera de tu camino.
Deja que sea la tierra y el agua los elementos que te sitúen en el mundo de nuevo.

Así puedes conmigo, no de otra forma.
Así puedes encerrarte en esta oscuridad que me baña,
sin hambre de vida, sin hambre de deseo.
Puedes quedarte en la puerta, pero no toques,
yo saldré de cuando en vez, alguna vez y quizá otra vez.

No me obligues, no puedo nombrarte,
la llama que inflama tu boca en mi cuerpo se extingue si te haces vida,
aliméntate en mi útero, pero no me obligues a nombrarte.
Sólo puedo con pequeñas muertes arrancarte esa rabia del cuerpo,
llevarte hasta un solitario rincón, hacerte sollozar, gemir y llorar.
Pero no puedo nombrarte,
mi corazón es fugazmente sensible a la música de un nombre,
pero el ardor perece pronto, la belleza muere.
No hay lugar para otra sinfonía.

No serpentees por mis piernas,
por mi vientre,
por mi pecho,
por mi cuello,
por mi boca,
no existen puertas abiertas.

Quédate en silencio, callado, mudo,
excitado, adolorido y contrariado,
no soy la fiesta que brota de mi cuerpo,
no soy el licor que embriaga sentimientos,
no agrietes el vidrio a través del que te observo.

No grites tu nombre,
no me nombres tampoco.

Sólo basta una mirada hacia atrás,
y,
en otro momento a nacer, volverás.
En otro momento la gota de ámbar serás.

22 de agosto de 2007

Evocaciones...



LA PRINCESA TRISTE QUE DEJÓ DE SER PRINCESA TRISTE/En ese entonces

Voy a hacerme (hacerte) preguntas importantes,
y quizá no tengan respuesta,
pero… quisiera, me urge, saber
¿en qué momento dejé de pensar en la luna como cómplice de tristezas?
¿En qué momento dejó de acompañarme la nostalgia a flor de piel?
¿Se me perdió acaso la mirada fija en una gota de lluvia que se arrastra en un cristal?
¿O mi silencio ya me habla?
Y sintiendo e invocando los hilos dorados que tejen coincidencias
advierto que puedo escuchar mi silencio, tu silencio.
Nos escucho
cuando voy por jardines de sueño,
cuando me alimento de fuentes de colores
y me visto de azul…
Me visto de azul para esperarte,
y, escuchar por fin…
nuestro silencio.

22 de julio de 2007

Al amanecer...


Cuando el sueño se espanta y las noches se hacen más largas...

A las diez de la noche caminando bajo la lluvia, con el rostro envuelto en llantos del cielo.

LA LLUVIA


La lluvia poco a poco
va borrando las huellas
que han dejado
las noches
envueltas
en canciones
de promesas
y de adioses.

Poco a poco
voy avanzando
dejando atrás
las utopías
que me regalaste
y olvidaste.

Poco a poco
trato
de hallar
un lugar
donde sea posible
conjugar
mi angustia
con mi soledad
sin abjurar
de la ansiedad.

Voy caminando
y mientras
avanzo
las llamadas
que salen de voces
desconocidas
se confunden
con el ruido
de mis pisadas
y el sonido de la lluvia.

Y sólo logro escuchar
un susurro
que me incita a buscar
una razón para no renegar
de lo desaprendido
de lo desvivido.

XVIII.

¿Dónde se habrá quedado mi confianza,
en qué lugar secreto y lejano
se encontrará?.

No bastaron las palabras,
porque éstas salieron
por las ventanas,
cuando nos miramos y callamos
y tan sólo el murmullo de la noche
reinaba en nuestro silencio.

El eco de tu voz
como un susurro
ahogado en la tristeza
clamaba por un poco de fe.

No te percataste
que aquel brillo
inocente en tus ojos
se había extinguido.

Y, tal vez para siempre.

9 de mayo de 2007

Cuando caminamos y dormimos






De regreso cada noche...



XXXII.

Al final de la noche
me escondo
entre las sombras
y entre los fantasmas,
como cualquier insomne
me detengo
en cualquier esquina,
sin ganas
tarareo
cualquier canción.

Como cualquier transeúnte,
al final de la noche
me escondo
entre las sombras
y entre los fantasmas
ávidos por confesar
sus secretos,
sus tristezas,
sus penas y sus soledades
de ayer, hoy y,
solamente de ayer...


Temo dormir y no despertar...

XXXV.

Acechas.
Vigilas.
Esta noche
al dormir
no quiero
ser tu refugio,
Muerte.


XXXIX.

Hoy
mi silencio
se acrecienta
y se agudiza,
inundando
de soledad
mis días,
mis noches
y
las calles
que recorro
sin prisa,
por no conocer
un lugar
donde ir...

11 de abril de 2007

Preciso tiempo...

Collage El Tiempo se cuela en sonrisas - 2007
Es evidente cuando el tiempo se convierte en un bien escaso, sin embargo, a veces intentamos hacerle trampas (me avergüenzo pensar en que yo le he hecho varias) alargando momentos, archivando emociones, acumulando postales mentales. Pensando en ésto me encontré con sensaciones viejas plasmadas en un papel.
Sólo dos cosas...

No le hemos apostado
a un atardecer
cubierto del humo
que produce la angustia
de vivir,
que produce el precio
de soñar una falsa libertad.
En medio del caos cotidiano,
de la rapidez con que ocurren las cosas,
de la fragmentación de nuestras vidas,
no le hemos apostado
al amor...
Nada mejor que
reflejarse en unas pupilas,
descansar en un cuerpo
y encontrar la vida en unos labios.
Una Ofrenda para tí

Toma de mis manos
un amor sin límites,
que profesa libertad.

Un amor permanente,
tan frágil y tan callado,
que para vivirlo tengas
que tomarlo con
tus dos manos
y tengas que acercarte
más y más
tan sólo para escucharlo.

Te ofrezco mi compañía,
aunque a veces la nostalgia,
no sea una buena acompañante.

Te ofrezco mi tiempo.
Te ofrezco mis palabras.
Te ofrezco mi calidez.
Finalmente,
lo que quiero decir,
es que,
Me ofrezco.
XXIII.

Hoy me siento triste,
sin asideros,
sin raíz.
Hoy me siento triste,
me siento flotar
por la atmósfera
con ganas de abrazar
el silencio,
con ganas de robar
su cordura,
es, entonces, cuando
descubro mi fragilidad,
esa fragilidad
que escondo
que duele y lastima.

Ahora sólo queda
entre el silencio y yo,
palabras ajenas,
palabras que vuelan
y se mezclan
con mi nostalgia,
aquella que recojo
de los años
y de tí.