19 de junio de 2009

La piel: la memoria de la vida

Úlcera

Se desprendió el último pedazo de mi piel,
ensangrentado, putrefacto, fétido,
cubierto por una sucia costra
una costra histórica,
formada allí
en un lugar indefinido
por el tiempo sin sentido;
por la sensación de vacío en el estómago;
por los secretos, los grandes y los pequeños;
por las culpas, las propias y las ajenas;
por los amores, los correspondidos y los no correspondidos.

Se desprendió en forma lenta,
con una tristeza tan honda y profunda,
que ya no tenía nombre.
Se desprendió como un bolero,
un melancólico bolero que asesina el alma
y envuelve lo poco de vida en un oscuro y pesado manto.
Se desprendió como la última hoja de un viejo libro.

Se desprendió el último pedazo de mi piel.

Y me he quedado con una llaga abierta.
Una herida tiene esperanza, cerrará algún día,
pero
¿una llaga? ¿una llaga expuesta al aire, al sol, a la lluvia? ¿una úlcera?
No, esa no tiene esperanza.

Si pudiera desandar el camino,
tapar mis oídos,
llenar mi boca de papel,
atar mis manos a la tierra,
una piel nueva nacería.

Pero mis oídos, mi boca, mis manos han desaparecido.

1 de junio de 2009

No es esterilidad...

Resistir


A mis amigos, a los que se quedan, a los que se fueron,
a los pobres que arrojaron a la esterilidad.
Se fue el fatídico Mayo pero Junio llega igual


No se es estéril cuando no se puede concebir,
no se es estéril cuando el vientre no se hincha,
no se es estéril cuando el cuerpo es seco,
no se es estéril cuando no se puede parir.

No se es estéril cuando la boca está repleta de palabras,
no se es estéril cuando los ojos se llenan de lágrimas,
no se es estéril cuando los brazos tienen fuerza para luchar,
no se es estéril cuando el cuerpo resiste al dolor,
no se es estéril cuando las piernas aún pueden sostener huesos y músculos,
no se estéril cuando el corazón se arruga y sangra.

No se es estéril cuando se advierte un escupitajo de vida en el camino aún,
no se es estéril cuando no se sabe diferenciar entre la bondad y la crueldad aún,
no se es estéril cuando la frente no se llena de miedo aún,
no se es estéril cuando al estómago no le gana el hambre aún,
no se es estéril cuando los amigos se llenan de ternura aún.

No se es estéril cuando se resiste,
cuando se resiste con la boca,
con los ojos,
con los brazos,
con el cuerpo,
con las piernas,
con el corazón.


7 de mayo de 2009

Historias breves de Amor


Nos despedimos en el puerto del alma

A través de sus movimientos de acuarela lavada se desliza la viscosa humanidad.
El filo del abismo se dibuja húmedamente a través del roce de sus cuerpos,
y, una oscuridad expulsada desde sus animales vientres
cubre el rostro de los amantes,
desdibujado por la marea de un caprichoso océano de piel y sudor.

Como imágenes atemporales sus miradas se cruzan
y en la lengua una gota de saliva destella.

La puerta al cielo y al infierno
se ilumina en las rosáceas cavidades
que palpitan al compás del crujido de cadenas que atan los cuerpos.

El extravío,
el efímero goce,
se diluye en poros abiertos que transpiran naturaleza.

La violencia suavizada por una lluvia de lágrimas y cabellos,
al situarse en el hueco existente entre dos cuerpos amarrados entre sí,
los arroja al vacío,
sedientos, hambrientos.

Cuerpos tan sucios, cuerpos tan limpios,
tan amados y tan abandonados.
Cuerpos esparcidos en un universo único de bocas secas.

Suspendidos y abstractos,
vuelven a ser tierra, sal, sudor, carne.

Los amantes,
concretos, materiales, andantes,
tan extraños, tan furiosos, tan perdidos,
danzan colgados en las notas azules de una trompeta.

Se separan con un toque tímido en las punta de sus dedos.
Tan minúscula caricia, tan profundo sentido del adiós.

En el puerto,
bajo una farola agonizante,
los amantes se dicen adiós.

4 de mayo de 2009

Llega Mayo con una historia



La historia de Él y Ella o la huella del primer amor

A vos en tu cumpleaños


Ella, una mezcla de inocencia y deseo, olía a lo que huelen ciertas tardes, a mango dulce. Él, una mezcla de pasión y fuerza, olía a panela recién batida, al acaramelado sabor del aire vallecaucano. Entre mezclas y olores, sin conocerlo aún, los ojos de ella, tan oscuros y brillantes, lo perseguían en forma silenciosa; los ojos de él, escudriñándola apenas, tan tristes y profundos, aprobaban tal persecución. Ella, al sentirse sorprendida, bajaba su mirada y avergonzada seguía escribiendo en su cuaderno frases inconclusas, palabras ininteligibles y, algunas veces, como la mujer que apenas desovaba su adolescencia, garabateaba el nombre de él al lado del suyo.

Las miradas se cruzaban cada tarde de lunes en ese salón. Ella, hasta ese momento, así se comportaba, esperaría que él la abordara. Aunque estaba en completa evidencia, consideraba digno de una mujer esperar el cortejo sin afán, sin prisa; aunque dentro suyo el corazón latiera con mayor fiereza cada día; aunque el único recuerdo, construido hasta el momento, una casual mirada de él – la que él nunca recordó, según ella – le quemara todo su cuerpo. Un día dos del mes de Mayo, las miradas se encontraron, las voces ya lo habían hecho. Del encuentro de miradas y voces, por iniciativa de él, se extraviaron en el encuentro de los labios y, por iniciativa de ella, ella se abrazó a su cuerpo con la seguridad de encontrar unos brazos fuertes que la rodearan con pasión. Se acunó en su pecho, se acunó en el mundo que apenas estaba descubriendo, y para su sorpresa, el mundo se abría ante sus pies como un mundo infinito, lleno de posibilidades. Un mundo pleno de sensaciones, sensaciones desconocidas, que bañaban su cuerpo. Un mundo mágico desprendido de las manos de él, manos que ya habían dibujado rutas diversas por su espalda, caminos a recorrer, viajes que estaban por llegar. Un mundo cubierto de aromas que su nariz no conocía. Un mundo que parecía reducirse en un beso, en un solo beso. Para ella, ese era su límite. Ella embriagada, excitada, sobresaltada, buscó los labios de él y, por primera vez en su vida, sintió como una boca – la de él – encontraba el camino correcto hacia la de ella. Abrió su boca – la de ella – y su lengua – la de él – recorrió todo lo que en ella había de íntimo.

Nadie coloniza el mundo, nadie descubre el mundo, sin un camino anterior. En ella había apenas el asomo de un sendero; en él, largos caminos. El asomo de sendero se impuso, la obligó – ella se sintió obligada, algún día me lo dijo avergonzada – a volver, a andar con pasos pequeñitos, con zapaticos de niña. Los caminos de él también se impusieron – alguna vez él me dijo que había querido protegerse –, recogió el mundo que ella le estaba devolviendo con dolor y se alejó. Las pasiones que un día se han desatado, inexorablemente han de encontrar el cauce de nuevo. Él lo sabía, ella apenas lo descubriría años después.

Se despertó ella un día de Agosto, dio pasos grandes, buscó los zapaticos de niña y los quemó. Su mamá – la de ella – me contaría tiempo después que sólo había guardado las cintas de los zapaticos como testimonio de su encantadora metamorfosis. Ese día de Agosto, no peinó sus cabellos, dejó al descubierto sus pies y puso brillo en sus labios. Fue a buscarlo a él. Lo que ella no sabía es que nada empieza de nuevo en el punto en que se ha dejado. No sabía que la pasión es como un tejido, se retoma en la última puntada, pero esta requiere ser desbaratada para rehacerla otra vez. Ella no sabía nada de eso, no tenía por qué saberlo, nadie se lo había explicado. Ella, rebosante de alegría, salió a buscarlo.

Me dijeron que ella lo encontró – a él –. Me lo dijeron porque a ella no le gustaba hablar de esta parte de la historia. Su mamá – la de ella – siempre con los ojos me pedía que omitiera las preguntas sobre esta parte de la historia. Lo encontró cantando un tango. Él cantaba desgarrado: “Solo y triste por la acera va este corazón transido con tristeza de tapera. Sintiendo tu hielo, porque aquella, con su olvido, hoy le ha abierto una gotera. ¡Perdido! Como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra... Garúa... tristeza... ¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!”. En la mirada de él, ella descubrió que estaba triste, pero no era por ella.

Ella. Ella no lloró. Él. Él no sonrío. Él le entregó el mundo que en un beso le ofreció, pero limitado esta vez era. Ella lo tomó, lo tomó así, limitado. Él advirtió el brillo en los labios de ella, observó largamente los pies desnudos de ella y en un arrebato llenó de besos su cabello sin peinar. Ella, esta vez, inexperta buscó su cuerpo; sólo que en esta ocasión, ella ondeó ligeramente sus caderas, él le ofreció un lugar en las suyas – en las caderas de él –. Ellos hicieron el amor por primera vez: Él con pasión y fuerza, ella con inocencia y deseo; una mezcla de olor a mango dulce con olor a panela recién batida inundó la atmósfera en la que nacía un encuentro nuevo.

Él le regaló un libro, ella le regaló su primer poema. Él le regaló unas lágrimas, ella le regaló su silencio. Pero nadie advierte que las pasiones primeras están destinadas a andar por caminos separados. Ella no lo sabía, pero tampoco creo que deseara saberlo. De él, sólo sé que sigue escribiendo en alguna ciudad de su sur. Ella, aparece de vez en cuando para contarme la historia de su primer amor.

30 de abril de 2009

Cerrando abril


Una gota de ámbar

No quería nombrarte.
pero a nombrarte me has obligado.

Me agotaste.

Te clavaste a la pared de mi espalda,
los grillos de una noche espesa comenzaron a cantar,
cabellos y dientes han quedado regados en el suelo
traídos por libélulas salvajes y prehistóricas.
Una gota de ámbar se forma en mi ombligo.

El sabor amargo de mi boca te nombra pero una corriente oscura se llevó mi voz.
Busco en las enredaderas de mi pasado,
en las rejas del antejardín de mi vida,
pero un apuesto y mequetrefe olvido se burla de mí
No hay lugar para un nombre.

Olvido tu nombre para crearte de nuevo,
debes dejar de existir para hallarte,
para amarte en un amor sin cauce.
Con un puñado de barro en mi mano me siento la alfarera de tu camino.
Deja que sea la tierra y el agua los elementos que te sitúen en el mundo de nuevo.

Así puedes conmigo, no de otra forma.
Así puedes encerrarte en esta oscuridad que me baña,
sin hambre de vida, sin hambre de deseo.
Puedes quedarte en la puerta, pero no toques,
yo saldré de cuando en vez, alguna vez y quizá otra vez.

No me obligues, no puedo nombrarte,
la llama que inflama tu boca en mi cuerpo se extingue si te haces vida,
aliméntate en mi útero, pero no me obligues a nombrarte.
Sólo puedo con pequeñas muertes arrancarte esa rabia del cuerpo,
llevarte hasta un solitario rincón, hacerte sollozar, gemir y llorar.
Pero no puedo nombrarte,
mi corazón es fugazmente sensible a la música de un nombre,
pero el ardor perece pronto, la belleza muere.
No hay lugar para otra sinfonía.

No serpentees por mis piernas,
por mi vientre,
por mi pecho,
por mi cuello,
por mi boca,
no existen puertas abiertas.

Quédate en silencio, callado, mudo,
excitado, adolorido y contrariado,
no soy la fiesta que brota de mi cuerpo,
no soy el licor que embriaga sentimientos,
no agrietes el vidrio a través del que te observo.

No grites tu nombre,
no me nombres tampoco.

Sólo basta una mirada hacia atrás,
y,
en otro momento a nacer, volverás.
En otro momento la gota de ámbar serás.

29 de abril de 2009

Debajo del paralelo 35

Ataque frontal a la soledad






Nausebanda y errática,


descarada y sucia,


obscena y erótica,


se contonea una triste soledad


en la húmeda y oscura celda de su memoria.




Desde el fondo de ese húmedo y oscuro lugar,


una mano se alza,


su silueta apenas marcada por un débil estallido de luz,


busca desesperadamente el rostro de una triste soledad.


¿Saluda? ¿Qué pide? ¿Qué dice?


Se alza,


Se alza audaz.


Se alza amorosa.


Se alza humilde.


Se alza pidiendo un seguro olvido.




¡Apártate!


grita la triste soledad.




Esa,


que una vez fue bella,


a la que le hacían el amor en las aceras,


en los portales de las iglesias,


en las escaleras de una vieja casa,


en la cama donde sólo podía ser llanto.




Esa,


que una vez fue combativa,


la que horneaba pan para caminantes,


la que se cargaba un sueño a la espalda,


la que se hacía voz ajena, voz fuerte, voz sin miedo,


la que desafiaba la punta del cristal en su garganta.




Como el niño que se esconde en su propio cuerpo,


preso del temblor que producen las miradas adultas,


la mano se esconde en el rincón que la parió,


tiembla, tiembla, tiembla.


Se traga sus frágiles y bellos dedos,


no desea ser vista de nuevo:


"Que la luz no me toque"


"Que la luz no me toque"


"Que la luz no me toque"




Una violeta mueca de satisfacción


se dibuja en el blanco rostro de la triste soledad,


mientras sigue moliendo su amarilla pena,


mientras se desgarra en su gris condena.




Lo sabe,


otros lo saben,


la mano se esconde de sí misma para no alzarse con fuerza,


y,


la triste soledad expone en sí misma su disfrazada debilidad.


Se aleja contoneándose.




La mano yerta se queda.


Es tarde,


no advierte


que la triste soledad


se agarra el corazón


y se va sollozando.


13 de abril de 2009






__, ____ __.

Soy una línea suspendida

en el horizonte de un pentagrama,

en el color de una voz,

en las notas de una guitarra,

en el trazo de un pintor,

en la hoja en blanco de un escritor,

en la memoria de un historiador,

en los ojos océano de un pensador,

en el reflejo de la luna sobre el mar,

en el recuerdo de mi misma.

Una línea sin punto inicial,

una línea sin punto final

¿Casi un punto?.

No.

Sólo una línea suspendida.

Si,

una línea,

soy yo.

Una línea suspendida,

suspendida,

antes de convertirme en espiral.

30 de marzo de 2009

Cartas a Juano

Permanecé niño: Primera lección

A mi juano,

a los que hoy son la siguiente estación,

a los que que escogieron a los niños y niñas que hoy son sus padres y madres.




Permanecé en el universo de las cosas imaginadas,

dame la mano para no salir de allí.

Permanecé conmigo y trepemos a los árboles de algodón de azúcar y masmelos.

Te convoco a jugar a las escondidas,

yo me escondo en los baúles del centro de la tierra,

sé que me encontrás.

Vos te volvés invisible.

Cuando esté cansada de buscarte,

te esperaré.

Te esperaré en el pozo de las monedas de chocolate.

Permanecé conmigo y soñemos que la luna es cuadrada,

brilla de día y se puede comer.

Yo te invito a que caminemos por las letras de los libros que más te gustan,

Yo te invito a que volemos por los cuadros que pinto.

Si querés,

vestíte de azul,

imagináte de azul,

yo me vestiré de blanco,

me imaginaré de blanco.

Hagamos coronas de flores,

sos el rey y yo soy la reina,

ordenemos a través de un edicto real

que los niños y las niñas

sólo tienen derecho a ser felices,

y,

ser felices es su deber.

Saltemos en los charcos que quedan después de la lluvia,

hagamos de éstos, mares bravíos,

como piratas naveguemos en busca de tesoros inimaginables.

Naveguemos en busca de los tesoros

con los que soñamos.

En el campo, en el pasto, bajo los árboles

jugá a ser dinosaurio multicolor

que yo me haré un delantal de maiasauria mamá …

En la noche o en el día,

cuando cansados estemos de jugar,

nos iremos a dormir.

Si querés armamos una carpa donde querás,

y dormimos allí,

o, nos acostamos debajo de la cama

y dormimos para soñar.

Soñá,

soñá que hoy, sólo por hoy,

podremos hablar al revés

y el mundo nos entiende.

Soñá para crear.

Y si vos querés,

permanecé en el universo de las cosas inimaginadas,

soltáme la mano cuando te sintás que podés estar allí por tu cuenta.

Cuando ya sintás que el camino se te hace pequeño,

que tus pasos te llevan a otros universos,

andáte,

no lo dudés,

volá,

sólo así sabrás si valió la pena trepar otros árboles,

jugar a las escondidas,

ser rey,

dormir en carpa

y ser cómplice de los soñadores que te encontraste mientras crecías…

Andáte,

volá,

que yo me quedo con mis propios universos,

los mismos que te regalé alguna vez,

Y, quizá cuando te vayás

me los dejés.

Si te los llevás,

no te preocupés por mi,

recordá:

No me harán falta,

he permanecido siendo niña.

23 de marzo de 2009

Escritura surrealista

Hoy es violeta... violeta nostalgia, violácea tristeza... hoy es violeta, ahora es violeta

A veces la nostalgia te atrapa como una hiedra, como esa hiedra enredada en aquella casa de Roveretto que no olvido, en donde me senté a llorar por muchas horas; te atrapa con hojas, tallos y raíces la hiedra de la vida. A veces sucede, cuando sucede, que la felicidad es efímera, que la felicidad es autodestructiva, que la felicidad sólo dura un fin de semana, un día, unas horas, unos minutos, unos segundos. Sucede también que cuando no se espera, el destino hace lo suyo: lugares, circunstancias, personajes, historias. Sucede que es la "combina", sucede que esa misma deja de combinar después de la media noche y el corazón se cierra nuevamente, de nuevo el cuerpo se cierra, los ojos se cierran para dormir y para recibir el día nuevo y, la historia se repite, el silencio es el protagonista, sucede que callamos, sucede que hablamos de otros asuntos más importantes que pueden ser de interés para otros, sucede que sucede... Sucede que no podemos bajarnos del tren de la vida aún.

Y después... arreglar el equipaje para huir... huir espiritualmente. Sin pensar contruimos los muros, las paredes; ponemos los cerrojos, las rejas y los candados y nos vamos de viaje. Nos tragamos las llaves y vomitamos un espeso dolor que deja el malestar para toda la vida, porque para ese daño no sirve tomar diariamente a las ocho de la noche el pocillo con agua tibia, ese fue el secreto que mi papá no alcanzó a contarme, pero que yo descubrí. Sucede que recogemos los pasos mucho antes de saber que moriremos, no cuando morimos, los recogemos antes, como lo anuncian ciertas sinfonías... Recogemos las historias, recogemos los sentimientos, recogemos pedazos de vida y ya nada puede ser, miramos atrás y es tan poco lo que nos llevamos que nos damos cuenta que vivimos una vida triste y, es ahí, justo ahí, en ese instante, ese momento, en ese justo minuto cuando somos conscientes de que no se puede caminar más porque no hay nada que recoger. Ahí es cuando morimos. Cuando la tristeza nos carcome.

Y de la soledad en el camino... ni escribir, aunque es distina a la tristeza. Tan absolutamente solos como cuando Andrés Caicedo dijo que no valía la pena vivir más allá de los 25, tan absolutamente solos que vemos a nuestro alrededor y todos sonríen, y como dijo Margarita el sábado con esa voz que me exaspera por tanto dolor producido en mi corazón, habla y me duele: "Yo no entiendo de qué se ríen Ustedes". Y con la mirada le dije: "Margarita, nadie entiende por qué nos reímos, nos reímos porque hay que reír... y si no entendés es porque también estás por fuera de este mundo; por aquí no encajás, por allá no lográs... pero qué ibas a entender Margarita, o quizá si... pero no me importa, yo sé por qué pienso que no entendés".

"Recordando a mi abuelita"... escucho en la voz de Lavoe... y me agarra la tristeza. Pero por qué diablos me pasa, si yo no tuve abuelitas, conservo sólo recuerdos terroríficos de color negro cuando evoco a las abuelitas... Pero por qué me pasa, qué sé yo... seguro porque ya no tengo las buenas noches de ellos, porque ya no tengo besos en los pies, pero para qué si están enfermos; ya no tengo besos en la frente, pero para qué si en mi cabeza hay un tumor nostálgico; ya no tengo abrazos de media noche, pero para qué si el frío que tengo es un cristal que no lo rompe la luz de un corazón. Tanto tiempo para darme cuenta... tanto tiempo para decir... como me gusta decir: Nos sos vos, soy yo...



17 de marzo de 2009

Colores en el alma...


Mujer Niña Arco Iris


A RG,

un ser arco iris también…


Mujer niña arco iris…

Bajo tu piel se halla el color azul,

el color del universo,

el color de tu sensible piel.

Y bajo tu piel vago,

vago por un túnel dulce y nostálgico

cubierto de azul olor…


Mujer niña arco iris…

El amarillo de tus pechos

alimentan al hijo que tienes,

a los hijos que no llegarán,

a los hijos que aguardan aún

en el fondo de tu vientre.

El amarillo de tus pechos

huele a maternidad,

sabe a leche y miel,

sabe a dulce leche dulce.

El amarillo de tus pechos sabe a amarilla vida…


Mujer niña arco iris…

En el blanco de tu cuerpo

se halla el silencio del amanecer,

la calma del mar de mi infancia

por el que navego haciéndome presente.

El blanco de tu cuerpo

es un manto por el que se desliza tu blanca lentitud…


El rojo,

mujer niña arco iris,

te cubre desde los pies hasta la cabeza.

Es el rojo lecho donde busco la piel,

es el lecho rojo donde descanso

después de vagar por un túnel dulce y nostálgico,

después de beber tu amarilla vida,

después de navegar en tu blanco cuerpo.


Cuando llego a tu lecho

el manto se tiñe de rojo,

a través de él se deslizan las palabras

hasta la estación de los sollozos y gemidos,

hasta el manantial de las felices lágrimas,

rojas lágrimas,

blancas lágrimas,

amarillas lágrimas,

azules lágrimas.

Arco iris lágrimas,

lágrimas arco iris…


Mujer niña arco iris

brillan tus colores en la oscuridad,

irradian dulzura, vida, deseo.

Tus colores llenan los pequeños huecos de mi piel,

tus colores se confunden con mis olores a mundo,

con mis olores a desamor,

con mis olores a tristeza,

con mis olores de ausencias.


Mujer niña arco iris

viene de nuevo el sol

después de la lluvia de tus colores.

8 de febrero de 2009

Un día quizá como cualquiera





Tu cumpleaños

Hoy,

al final del día,

cerraré mis ojos,

permaneceré en silencio,

me abrazaré y no lloraré.

no lo haré,

no, como lo hago siempre.

Mis gritos de aguda nostalgia

no se enredarán en mi garganta,

no me dolerán las manos esta vez,

ni mis piernas, ni mis dientes.

Hoy,

al final del día

el deseo de expulsar el dolor no ocupará mi cuerpo,

sólo lo ocupará la absurda ilusión

de escuchar al otro lado de la puerta

tus buenas noches,

las que ya no escucho,

las que ya no tengo.

3 de noviembre de 2008

Ambientes gélidos



Hace frío


Hace frío…

También aquí dentro hace frío,

el leve recuerdo de unas manos

bordeando mi cuerpo

me trasladan a momentos vaciados

de sentimiento.

Ahora reposan sólo vestigios de sensaciones

que desaparecen con el tiempo,

amenazan con arrastrar rostros, voces.

Todo volverá a estar vacío.

Hace frío…

El recuerdo es sólo un pedazo de hielo

de los glaciales adheridos a la memoria.

Épocas


Septiembre


Como una mujer sin memoria,

así te extraviaste septiembre,

como la lluvia furiosa

cayendo en el tejado

formando explosiones acuáticas

y nudos cristalinos.


Así dijiste adiós.


Te sumergiste septiembre

en las gruesas lágrimas imprudentes,

que desde una región del pasado

hablaban del ayer.


El viento azotando ventanas y puertas

me alejó de tu ausencia, septiembre.

Llegaste.


Quizá esta noche te quedes conmigo.


Tu distancia como una soledad manifiesta

ocupa ese rincón

desde el que me observas,

haciendo tiempo para conversar,

o tal vez no,

sólo observas con asombro

mi cuerpo olvidado,

mi alma rebosante.


Mañana te irás, septiembre.


Cuando escuche al viento azotando ventanas y puertas

con certeza pensaré:

Has llegado, septiembre.

Seres pavesianos

Triste come me


A un ser pavesiano


Camino hacia esa pared,

la última del patio de mi casa

exageradamente gris,

descascarada por los años,

surcada por la melancolía,

herida por el pasado.

Un muro de suplicios,

parece en la distancia

Hacia allá,

hacia ella,

camino,

cansada de caminar arrastro los pies,

y un nocturno rugir de entrañas

es mi respiración.

Extraña belleza,

rara fascinación

por una pared con historia,

silenciosa, contenida,

llorosa,

que me lleva a la horca

como condenada.

Avanzo.

No, atrás no puedo volver.

No desandaré los pasos,

aunque el aire se escape de mi,

aunque mis pulmones se resientan

aunque mi cuerpo desfallezca.

Estoy cerca.

El camino cada vez más pedregoso

lastima mis pies desnudos;

mis manos palpan ya la superficie de la pared,

ahora exageradamente menos gris,

descascarada por los años

surcada por el pasado,

herida por la melancolía.

Las grietas diversas en formas y tamaño

muestran mundos misteriosos,

cada una es una vida vivida.

Desde una profunda ranura

oigo a alguien gritar

a través de una voz encerrada en el tiempo:

“No sucumbir, aunque seas tan triste como yo”

2 de noviembre de 2008

Las garras de la conciencia

Dolor de alma


Sangra el alma

y, agoniza la vida.

De pie,

dentro de una herida profunda

que supura pus y sangre,

envuelto en el sopor de la nostalgia

alguien se ahoga.

Unas manos malditas rodean su cuello.


Lentamente la vida asesinada,

sin oponerse a su propio desbridamiento,

sin un solo lamento,

sin una sola lágrima,

rompe en un carcajeo de muerte,

al advertir su propio destino.


Lánguidamente la muerte nace

a través de los ríos sanguinolentos

que inundados de pasado

escupen el dolor como piedras afiladas.


Un hilo de sangre

es el único testigo

de una profunda agonía.


13 de octubre de 2008

Sobre Alfonsina Storni

LA ESCRITURA POÉTICA EN ALFONSINA STORNI

Reencuentro con lo femenino escindido

A mi propio Horacio,

con quien he construido un camino distinto

al desamor.

El lenguaje poético es una expresión de lo sensible, de lo sensitivo; es una expresión también de lo cotidiano, de lo íntimo, de lo subjetivo, de lo político, portador de una recreación de lo vital en sus dimensiones más significativas a través del acto de escribir, en este sentido, la escritura poética halla contenido a través de una serie de afirmaciones y encuentros con el yo, un yo imaginado, un yo posible, un yo emancipado, un yo escrito, un yo enunciado, un yo liberador, un yo afirmativo. Así, las mujeres poetas, las mujeres escritoras, han encontrado en la escritura un espacio para habitar, un cuarto propio construido con el mismo lenguaje que durante muchos siglos las escondió, con el mismo lenguaje que históricamente las ha situado en el lugar de la musa o en la cima de la expresión indiscutible del eterno femenino.

En una especie de frontera transgresora han irrumpido desde ese lenguaje para confeccionar un lenguaje propio y rearmar su existencia: la mujer en la oscuridad de Víctor Hugo – Juliette Drouet – que escribe veinte mil cartas; la Delmira Agustini que intenta hacer de su esposo, su amante, en un desbordado apasionamiento y erotismo literario; la mujer que se sumerge en el mar, en la nodriza, advirtiendo que ya no vuelve… Nuestra Alfonsina Storni.

Alfonsina, considerada como un emblema de la lucha feminista, por su denodado esfuerzo en la búsqueda por el reconocimiento de hombres y mujeres como seres pensantes, según sus propias palabras, encarnó un tipo de escritura poética desde su propio reconocimiento como mujer, del reconocimiento de su cuerpo, y no a pesar de él, del reconocimiento de su sensibilidad y subjetividad, desde la necesidad de hacer del acto de escribir un acto de encuentro con un femenino escindido, revelando una psiquis inconforme y subvertora de su condición como mujer.

A través del velo misterioso que trae la poesía, la discusión, que aquí se propone, intenta discurrir sobre la posibilidad de hablar de una escritura femenina, en clave de la obra poética de Alfonsina Storni. Una escritura femenina, que no necesariamente la define el hecho de ser creada por mujeres – elemento analítico esencial – , que en el caso de la poeta, recurrió a metáforas liberadoras de la prisión de lo femenino y a figuras literarias subvertoras de las letras masculinas, enredándolas en su propia posición de mujer ante el amor, la vida, la muerte, la virginidad, la maternidad, la literatura, posición estructuradora y estructurante de sus temáticas poéticas, para hacer de su escritura un compromiso con la vida, y en sentido estricto, un compromiso político con la recomposición simbólica de la vida de las mujeres.

Alfonsina Storni pasó a la historia como una mujer desafiante del orden establecido, cuyas osadías intentaron romper los moldes construidos a partir de los cuales se definían las relaciones entre hombres y mujeres; logró a través de su existencia, de su actuación existencial, recuperar para su escritura un ser mujer, no esencialista; un ser mujer que en el acto de escribir se reencuentra con la historia de las mujeres y la resignifica, reclamando para sí su propia sensibilidad y haciendo de ésta una afirmación ante el mundo.

¿Cuál es el lugar que ocupa la construcción, el arte poética, en la narrativa de las mujeres? De antemano, es importante aclarar que no existe intención de equiparar un hecho concreto como la producción poética de las mujeres con la producción poética de corte feminista. Si bien, algunas mujeres poetas reivindican su condición de mujeres, no se podría afirmar que su producción poética se transforme en una expresión absoluta en contra del mundo patriarcal o la hegemonía masculina en los modos de producir la vida.

A través de la lectura a Alfonsina Storni pretendemos transitar a un terreno en el que lugar/topos de la poética se ubique en una línea compleja, línea vital, línea existencial, desde la cual se advierta la aparición de una construcción poética de las mujeres, entendiendo que el lenguaje y las mediaciones simbólicas mediante éste es comprendido, es una herencia. El lenguaje lo hereda el escritor bajo la forma literaria: una morfología singular adquiere el lenguaje heredado para las mujeres.

Quisiera a manera de ilustración traer a ustedes un hecho importante para explicar mejor el significado que quiero darle al lenguaje en la construcción poética en las mujeres. En una provincia de China llamada Huan, hace casi 400 años, las mujeres de la aldea crearon un lenguaje propio hecho por mujeres y para las mujeres, considerado por lingüistas como un sistema de comunicación único, que pretendía servir de escenario comunicativo para las mujeres que desde un discurso propio se enfrentan a la autoridad masculina, desafiando claramente la prohibición de entrar al mundo de los hombres a través del lenguaje. Así se crea el Nushu, que en chino traduce escritura de mujeres, una lengua de la vida cotidiana, una lengua de los sentimientos, de los sueños, de los deseos, de la vida de las mujeres, aprendida a través de la vía de madres, tías, hermanas e hijas. El 20 de Septiembre de 2004 moriría Yang Huayi, a los 98 años, la única mujer que dominaba completamente la escritura de la lengua. Con ella desapareció una lengua además de la desaparición de sus escritos en la pira funeraria de su autora.

El Nushu como hecho histórico pero también como acontecimiento lingüístico permite entender desde la sensibilidad femenina, entendiendo por sensibilidad femenina un universo singular a través del cual se interpreta el mundo, la necesidad, la urgencia que las mujeres han tenido por hablar y escribir desde lugares propios. Las mujeres poetas nos hemos encontrado con retos definitorios a la hora de escribir, en el sentido de hacer uso del mismo lenguaje que durante siglos situó a las mujeres en el lugar de la musa, en el lugar idílico de la inspiración, en este sentido, las mujeres poetas hemos tenido que reorganizar nuestra casa, la psiquis del alma, para encontrar el lugar desde el cual la escritura tenga significado y sentido para nosotras, un lugar en donde reconciliarnos con un yo lírico femenino, el mismo que se advierte en la escritura poética de Alfonsina Storni, un yo lírico que despoja las palabras de los sentidos tradicionalmente construidos para darles otro significado.

La escritura poética de Alfonsina Storni está construida, facturada, bordada, pintada, acariciada, en atmósferas naturales de una noción transgresora del amor, en aguas turbulentas de un corazón que desea morir envenado dulcemente por una serpiente, en la comprensión absoluta del Otro, ese Otro, que esconde su amor o brinda a cuotas su pasión.

En Storni nos hallamos frente a la certeza de la fugacidad y el instante de los afectos y los deseos, pero dicha certeza, tan singular en su poética, encuentra su cauce en un erotismo apasionante presente en su escritura, nos hallamos frente a una poeta cuya poesía es una extensión de su afirmación vital, de su vida, de sus reivindicaciones más íntimas, más sentidas: la mujer que se define como tal sin que medie el campo de lucha y conquista del varón respecto a otras mujeres; la mujer que desea suspender la cotidianidad, suspender el tiempo, para esperar quizá al amante, quizá al compañero; la mujer que se halla tan cerca de la muerte como una experiencia revivificadora, embelesada con la espuma del mar y el rugir de las olas porque allí define a ese hombre, a esos hombres que serán grandes, grandes porque comprenden a las mujeres, porque comprenden que las mujeres somos mar, somos tormenta, somos espuma y somos profundidad.

En Alfonsina Storni encontramos, sin que esa sea su intención explícita, una construcción de sororidad, que en palabras de Marcela Lagarde es amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices. Hay una mirada compasiva a aquellas mujeres que aún están bajo el régimen dominante, incluso de sus propias madres, hijas o hermanas, y una invitación firme y combativa a aquellas, que como ella, han abandonado el rebaño para volverse mujeres mentales, con imaginación y creación.

Nuestra poeta podría hoy definirse como una mujer que a través de su poesía logró construir un lugar propio desde el cual habitar; el mundo, el realismo, la sobrepasó, su escritura se convirtió en testimonio de su práctica existencial, reencontrando ese femenino escindido, que como pecado original, las mujeres cargamos.

El reencuentro con lo femenino escindido – los lugares propios de hombres y mujeres: la calle, la casa – en Alfonsina Storni es un levantamiento de voces ante la lógica cartesiana imperante en el mundo masculino. Con Storni escuchamos una voz política que reclama el sentir para tener la certidumbre de estar vivos y descubrimos un camino para avanzar en nuestras propias construcciones sobre el Otro o la Otra.

Con la poeta avanzamos por un camino difícil, definido por los senderos del amor-pasión y amor-sufrimiento, en el duro reencuentro con nosotras mismas, construyendo opciones ante la vida: la maternidad, el madresolterismo, el amor desmedido, la colonización de espacios masculinos conservando una identidad, la mutilación de nuestro cuerpo, el suicidio. En Alfonsina se advierte que las mujeres – no necesitamos – deseamos compañeros capaces de concebir a una mujer amiga y amante, sin que ello signifique amenaza y peligro, denuncia los espacios limitados a los que nos reducimos los hombres y las mujeres en nuestras relaciones, con limitadas también posibilidades de conjunción, obligándonos a tantear las percepciones e impresiones que el Uno construye respecto al Otro, en aras de allanar el recorrido del amor a la amistad, o de la amistad al amor.

En la escritura poética de Alfonsina se denuncia un miedo amorfo hacia la mujer, un miedo no superado, un miedo que alimenta el mundo simbólico de lo masculino. Ese ideal virginal, al que Alfonsina se enfrentó, se reconstruye en su poética como parte de un ideario masculino, pero la poeta con fuerza se distancia de ese ser mujer que se debate entre el ideal de pureza y el deseo; entre el cómo desear sin sentirnos culpables.

No es fácil abordar una poeta con la intensidad que caracterizó a Alfonsina, no es fácil abordar una obra poética tan intensa, tan llena de sensaciones y complejidades, tan llena de melancolías y deseos de muerte, pero a través de su escritura es posible destejer en sus metáforas los caminos que nos permitan a hombres y mujeres acercarnos en el re–conocimiento mutuo, en el re–conocimiento de una sexualidad libre y compartida, en el re–conocimiento de nuestras posibilidades, nuestros temores, nuestros deseos, nuestras inseguridades y nuestras respuestas. En Alfonsina el camino a través su escritura evidencia la necesidad de más lenguaje, menos genitalidad; mayor erotismo, mayores metáforas para acercarnos.

La escritura poética en Alfonsina es la respuesta a un ideal de mujer que la poeta no representa, se rebela a este ideal, presentándose a sí misma como una ruptura, como una mujer que quiebra con el rebaño y se va a la montaña, fatigada del llano, como lo afirmara en 1916 en su poema “La Loba”, deseando liberarse de hombres pequeñitos que no la comprenden, renunciando por supuesto a quedarse en la jaula que un hombre pequeñito sólo puede dar, deseo plasmado en “Hombre pequeñito” publicado en 1919.

En 1925 la poeta se oirá con una voz mucho más fuerte a través de la “La otra amiga” y “Y agrega la tercera”, en donde se define como una mujer mental, cuya condición la hace perdedora en negocios de amores. Reclama para la mujer un ideal femenino distinto al que crean y desean los hombres, sin perder el lazo que anudará su escritura hasta 1938, fecha de publicación de su último libro, el lazo de la conciencia, una conciencia que grita el silencio de las mujeres, un silencio que arrastra amarguras, honduras en el alma, libélulas nostálgicas que se escapan por las rendijas de los silencios y las sombras. ¿Cómo sacamos lo que en el alma se halla encerrado? ¿Cómo gritamos cuando no tenemos un lenguaje suficiente para hacernos entender? ¿Cómo encontrar el camino para no regresar al mundo del llanto sin aspavientos, del grito atorado en la garganta?

¡Sólo el hombre hace ruido! Afirmará Alfonsina en “El Silencio”. Las mujeres no hacemos ruido, o lo hacemos de otra forma, no logramos hacer ruido. Como liberadas de los yugos unas, como tristes y nostálgicas otras, llevamos a nuestras casas interiores los gritos que no podemos dar. Las mujeres, algunas veces, quizá imploremos que nuestros hijos no nazcan mujer.

La poética en Alfonsina Storni, como en otras experiencias literarias de mujeres latinoamericanas, es más que un don, es más que la maestría con la que poco a poco se fue liberando de los cánones de la poesía para rescatar su propia interioridad, es un punto de fuga, es una línea que conduce hacia el encuentro del destino. La tragedia de la literatura vivida y sentida se halla en la imposibilidad de encontrar divisiones esquizofrénicas entre el universo literario y el universo de la experiencia, así en Storni se conjuga la literatura como una continuidad de la experiencia del ser mujer en una época compleja. La factura de sus poemas testimonios poema nos lleva a pensar en una escritura bordeada por abismos interiores y misteriosos, capaces de convertirse en las espinas del rosal del alma.

La escritura poética sólo es posible en la línea en la que se suspende la experiencia vital y el encuentro del poeta con una lucidez que solo éste puede encontrar. En Alfonsina Storni las sensaciones cobran vida, las sensaciones se anudan en una rebeldía por afirmarse como un singular movimiento del aire, como un singular sonido del mar, se afirma desde el deseo por distanciarse de la frivolidad femenina, por resignificar los afectos, los mismos que se entrelazan a través de la tinta que se derrama en su corazón.

Alfonsina escribe desgarrada, escribe con esfuerzo, escribe con alas de mariposa, con la boca abierta aspirando grandes bocanadas de vida, porque tiene el presentimiento que poco durará. Escribe en el rincón cada vez más amplio entre las palabras y la experiencia, que se condensa en el movimiento del lápiz con el que escribe, diluyéndose en una gran mancha de tinta transformada poco a poco en posiciones de vida.

Alfonsina escapó, se perdió en la calidez del mar. Intentó hacer un hoyo el cielo, intentó resquebrajar el cristal que las sensaciones que la envolvían, que la acompañaron desde su más temprana juventud, pero sólo pudo irse a dormir, cerrándose ante el mundo como una gota de agua cayendo, arrastrándose por un cristal a través de un infinito recorrido, inmortalizado mediante su propio acto de escribir.

Alfonsina se reclamó como mujer, como sujeto activo del vínculo amoroso, como sujeto determinante de su propia existencia. En Alfonsina encontramos una poesía testimonio, una poesía que devela un alma desbordada, apasionada, tejida con la seda de la naturaleza y regada con el agua del mar. Una poesía que se conecta con el dolor, la vida, el amor y la muerte.

17 de agosto de 2008

Lugares no encontrados




Viajamos, nos desplazamos, como ausentes en este vagón de tren. Afuera todo es movimiento, adentro nada se altera. Me encuentro inmóvil, sólo advierto tu calor, la presión de tu brazo sobre el mío. Tu mirada encuentra la mía extraviada, te brindo una sonrisa y me acuno en tu pecho.

Duele tu hermosura, tu pureza, tu calidez. Como un ser cósmico estás rodeado de amarillos pétalos. Te veo lejano, te siento cercano. Derramas sobre mí los pétalos que te visten, me embriago con mil aromas y el mar canta una tonada. Los pétalos nadan, viajan, se desplazan a través de la corriente.

Arde el fuego en la chimenea. Afuera nada se altera, adentro todo es movimiento. Sentada al lado del ventanal, desnuda, espero, escribes, espero, escribes.

26 de julio de 2008

21 de julio de 2008

19 de julio de 2008