Un grito de Abril
Grito.
Grito fuerte, nadie escucha.
Un grito en silencio, un grito pidiendo auxilio.
Me ahogo.
En mi garganta se queda atascado
el odio que quiero liberar,
el odio que deseo no te toque.
El odio que me hace doler la piel
cuando el viento me trae tu olor.
Un odio desconocido habitando en mí.
Con angustia, el odio transformado en amor permanente,
hincha mi corazón de nostalgia.
Me asusta
porque lo quiero lejos de mí,
lejos de mi cuerpo y de mi alma.
lejos de mi cama y de mi baño,
lejos de mi cocina y de mi jardín.
¡Vete!
No quiero seguir ahogándome en este grito de odio y amor,
no quiero vivir asediada por el fantasma que me habita,
no quiero cerrar los ojos y encontrarme en tus ojos fríos e inexpresivos.
Te arranco odio maldito.
Te arranco amor perdido.
Nadie escucha, nadie entiende.
Te digo adiós.
31 de diciembre de 2013
21 de julio de 2013
Emociones
Desborde
A ti, incitador de mi desbordada emoción.

Camino por la Avenida Paulista en Sao Paulo,
camino por la Mitad del mundo en Ecuador,
camino por el Gran Canal de Venecia,
camino por la orilla del Río Magdalena,
camino por las tumbas ancestrales de San Agustín,
camino por las murallas de Cartagena.
En el hacer camino tejo mi desborde,
le doy vida,
le doy aliento,
le doy fuerza,
los acordes que resuenan en mi corazón
retumban en mi territorio,
en mi patria,
bien sabes cuál es.
Siento,
presiento,
lo siento por el mundo.
Bocanadas de aire me ahogan,
se hincha mi pecho,
se contrae mi vientre,
se dilatan mis fosas nasales.
Respiro,
lanzo una plegaria al universo
por mí,
por ti,
por ellos,
por los que se fueron,
por los que vendrán.
Me recojo
en ti,
me quedo
en ti,
me desbordo
en ti.
Camino a través de la línea que te divide.
Camino por la historia que fuiste.
Camino por el alma del hombre que eres.
En tu camino tejo mis desborde.
A ti, incitador de mi desbordada emoción.

Camino por la Avenida Paulista en Sao Paulo,
camino por la Mitad del mundo en Ecuador,
camino por el Gran Canal de Venecia,
camino por la orilla del Río Magdalena,
camino por las tumbas ancestrales de San Agustín,
camino por las murallas de Cartagena.
En el hacer camino tejo mi desborde,
le doy vida,
le doy aliento,
le doy fuerza,
los acordes que resuenan en mi corazón
retumban en mi territorio,
en mi patria,
bien sabes cuál es.
Siento,
presiento,
lo siento por el mundo.
Bocanadas de aire me ahogan,
se hincha mi pecho,
se contrae mi vientre,
se dilatan mis fosas nasales.
Respiro,
lanzo una plegaria al universo
por mí,
por ti,
por ellos,
por los que se fueron,
por los que vendrán.
Me recojo
en ti,
me quedo
en ti,
me desbordo
en ti.
Camino a través de la línea que te divide.
Camino por la historia que fuiste.
Camino por el alma del hombre que eres.
En tu camino tejo mis desborde.
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Afirmaciones
Irremediablemente
A ti
Si,
irremediablemente,
hoy habitas en la casa de mi alma,
has atravesado el largo corredor de mi mente,
ya no te pienso,
te siento...
A la puerta nadie llamó,
ni escuché alguna voz,
confiada estaba
en que el manojo de llaves que me abrían,
extraviado se encontraba en el universo infinito,
en oscura y misteriosa espera
con la certeza
de no ser encontrado nunca.
Irremediablemente,
ahora las puertas están abiertas,
las habitaciones de mi alma,
están pobladas
de ausencias presentes,
de presencias ausentes,
de palabras que se transforman en necesidades,
de distancias que no duelen,
de llamados,
de voces,
de risas y temores.
Desde el jardín florido de mi casa,
sentada bajo una cascada de emociones,
cristalinas y puras,
advierto que te esperaba
para envolverte en sensaciones
y poesías.
La casa de mi alma,
respira,
canta,
danza,
con la certeza
de saber
que estás.
Estás.
Llegas.
Vienes.
Irremediablemente
la casa de mi alma,
remecida
hoy se encuentra,
y,
por fortuna de mi alma,
sin grietas alguna.
Hoy ya no te pienso,
te siento,
porque habitas en mí,
sin que me hayas habitado nunca.
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Encuentros
Cómplices/Testigos
Al ser que me habita hoy
La noche fue cómplice de susurros, de voces hacedoras de historias,
de sensibilidades despiertas
a través del movimiento de dedos invisibles,
exploradores,
descubridores,
generosos en recorridos.
La noche fue cómplice
de mi resbalosa humedad,
de mi garganta seca,
de mi piel despierta,
de mi sangre más que tibia.
En otro lugar,
tu,
recibiéndome,
invitándome,
convocándome,
llamándome.
Yo,
en este lugar,
ahogándome
en susurros
a través
de tu voz.
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Poesías de Otros/as
Ventanas Abiertas
Podría/Quiero
Podría pensar que llegas a mi alma con un propósito,
Al ser que me habita hoy
Podría pensar que llegas a mi alma con un propósito,
podría pensar que vienes sin anunciarte,
podría pensar que te vas sin avisar,
podría pensar que al irte jamás desaparecerás...
Pero no quiero pensar...
Quiero vivir el sentido de tu llegada, accidental o no, tu llegada,
quiero vivir el sentido de este camino lento,
quiero vivir el sentido de una partida bañada de nostalgia productiva,
quiero vivir el sentido de que habites en mí aún a pesar de ti mismo, de mi misma...
Sin duda,
lo pienso,
lo vivo,
sin duda,
empiezo a extrañarte...
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12 de noviembre de 2011
El Amor en los tiempos del cólera
A través del cristal
Segundo del once,
medianoche,
miradas profundas,
abrazos inciertos,
explicaciones tardías...
Entusiasmos de papel,
besos de cristal,
rosas de algodón,
casa de arena,
danza de palabras...
Sangre encendida,
perturbadoras imágenes,
cuerpos cercanos,
almas distantes...
El reflejo del recuerdo en el cristal por el que veo transcurrir el tiempo.
Segundo del once,
medianoche,
miradas profundas,
abrazos inciertos,
explicaciones tardías...
Entusiasmos de papel,
besos de cristal,
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Sangre encendida,
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El reflejo del recuerdo en el cristal por el que veo transcurrir el tiempo.
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17 de octubre de 2011
Nostalgia lluviosa
Nada me habla de tiSólo este olvido que se empeña cada día en ganarme la partida,
esta sensación de nostalgia amarga que se adhiere a mi cuerpo.Podría decirte que estoy rebosante de felicidad,
Podría decírtelo…
Que oscuros momentos cuando no sé dónde estoy,
cuando no sé cuánto tiempo ha pasado,cuando todo me huele distinto,
cuando tu olor ya se ha ido de mi cuerpo.
Ya nada me habla de ti,
Soy yo la que se empeña en hacerte presencia con mis palabras.
Vuelve
pero si te digo adiós, di por favor: ¡Quédate!
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19 de septiembre de 2011
Adioses en el puerto
Mar Voraz
Un faro, un susurro, una palabra, un deseo...
Mueren las velas mientras anuncian la única verdad:
Un nuevo tiempo ¿frío? ¿cálido? llegó,
el último barco se hunde,
y,
con él lo que hasta ayer fué.
Un faro, un susurro, una palabra, un deseo...
Mueren las velas mientras anuncian la única verdad:
Un nuevo tiempo ¿frío? ¿cálido? llegó,
el último barco se hunde,
y,
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21 de agosto de 2011
Preguntas
Perdida Si me arranco el corazón
¿seguirá doliéndome?
Si me arranco la piel
¿seguiré sintiéndole?
Si me arranco el alma
¿seguiré recordándole?
Si dejo de existir
¿quién sentirá este amor?
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10 de julio de 2011
11 de febrero de 2011
Escribir: Autoexploración, afirmación
Sylvia Plath: Vida hecha poesía
La escritura es una casa grande, habitada por palabras huérfanas que rondan por las habitaciones deshaciendo camas y corriendo cortinas. Palabras que se asoman al desván para coquetear con las almas de los poetas, quienes caminan por lo escabrosos abismos de la realidad y la fantasía. La poesía intimista, confesional, que sobrepasa los cánones literarios, las imposiciones en el arte de escribir, se transforma en Sylvia Plath, en una forma de construir el mundo, su mundo a través de la labor poética. Un mundo que se percibía contradictorio, oscuro, anclado a los dolores de la poeta quien a los ocho años de edad sucumbió al misterioso encanto de caminar por los corredores de la casa que no podría abandonar, ni siquiera al morir.
Sylvia Plath, otra poeta suicida. Una poeta a la que se le siguen los rastros a través de las huellas dejadas por su pluma, por la perfecta coincidencia entre la experiencia vital, la metáfora y el deseo. Una poeta que logró inmortalizarse a través de su poesía, una narrativa poética cuya potencia, cuya fuerza, reside en la sublimación del dolor a través de las palabras, en la reconstrucción de sus temores, fantasmas, a través de un conjunto de simbolismos entreverados en la experiencia cotidiana, plana, sin emoción.
En la poeta, en su creación artística, en su labor poética se condensó el movimiento sublime que va de la vida a la muerte en un acto liberador. Su suicidio, una expresión aparente de un envolvente sentimiento destructivo se transformó en una extensión de la poética. En Sylvia Plath se hace evidente que la poesía es un riesgo supremo y prolongado. La poesía es testimonio de la soledad de la poeta, una soledad metafísica, expresada a través de su escritura.
En nuestra poeta, en su poesía, se conjugan en una experiencia artística, su angustia por vivir y su constante deseo de morir. Al rastrear en Ariel, su segundo y último libro de poesía, los últimos seis meses de la vida de Sylvia Plath, se pueden hallar los rasgos esenciales de la relación de la escritura como acto vital, necesario, liberador, en una línea compleja entre la vida y la muerte. Y también más allá de la muerte a través de la inmortalidad de lo escrito.
La escritura es una casa grande, habitada por palabras huérfanas que rondan por las habitaciones deshaciendo camas y corriendo cortinas. Palabras que se asoman al desván para coquetear con las almas de los poetas, quienes caminan por lo escabrosos abismos de la realidad y la fantasía. La poesía intimista, confesional, que sobrepasa los cánones literarios, las imposiciones en el arte de escribir, se transforma en Sylvia Plath, en una forma de construir el mundo, su mundo a través de la labor poética. Un mundo que se percibía contradictorio, oscuro, anclado a los dolores de la poeta quien a los ocho años de edad sucumbió al misterioso encanto de caminar por los corredores de la casa que no podría abandonar, ni siquiera al morir.
Sylvia Plath, otra poeta suicida. Una poeta a la que se le siguen los rastros a través de las huellas dejadas por su pluma, por la perfecta coincidencia entre la experiencia vital, la metáfora y el deseo. Una poeta que logró inmortalizarse a través de su poesía, una narrativa poética cuya potencia, cuya fuerza, reside en la sublimación del dolor a través de las palabras, en la reconstrucción de sus temores, fantasmas, a través de un conjunto de simbolismos entreverados en la experiencia cotidiana, plana, sin emoción.
En la poeta, en su creación artística, en su labor poética se condensó el movimiento sublime que va de la vida a la muerte en un acto liberador. Su suicidio, una expresión aparente de un envolvente sentimiento destructivo se transformó en una extensión de la poética. En Sylvia Plath se hace evidente que la poesía es un riesgo supremo y prolongado. La poesía es testimonio de la soledad de la poeta, una soledad metafísica, expresada a través de su escritura.
En nuestra poeta, en su poesía, se conjugan en una experiencia artística, su angustia por vivir y su constante deseo de morir. Al rastrear en Ariel, su segundo y último libro de poesía, los últimos seis meses de la vida de Sylvia Plath, se pueden hallar los rasgos esenciales de la relación de la escritura como acto vital, necesario, liberador, en una línea compleja entre la vida y la muerte. Y también más allá de la muerte a través de la inmortalidad de lo escrito.
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4 de noviembre de 2010
Preguntas a un sabio poeta
"Tu recuerdo sigue aquí (...)
Sé que te tengo olvidar"
"¿Quién se va, quién se queda, quién le duele más la soledad?"
El Poeta, el amor y el olvido
Mi madre alguna vez dijo que los poetas tenían las respuestas a todas las preguntas que sobre el amor y el olvido se pueden formular. ¿Es cierto, Poeta? El Poeta cierra los ojos, suspira y, se queda en silencio.
Los ojos vivaces, inocentes, de una joven de cabello negro y piel blanca, no parpadean ni por un segundo. Ella, suspira y, se queda en silencio. Aunque es un silencio distinto al del poeta. El del Poeta es el silencio de la vida que ha sido transitada por ya numerosos caminos, curtidos por el olvido; el de la joven es el silencio de la esperanza, del corazón tierno y hambriento de amores.
Bella dama, dice el Poeta, no hay respuestas sobre el amor y el olvido, por lo menos no conocidas. El amor y el olvido simplemente suceden sin advertirlo, sin saberlo y, en ambos hay que confiar. El amor te recorrerá la piel y el alma. El olvido te recorrerá la piel y el alma. No existe el uno sin el otro, son fieles entre sí, leales entre sí.
El amor, un buen día, una buena noche, un buen amanecer, un buen atardecer, tocará a tu puerta, le dejarás pasar, tibiará tus manos, calentará tus pies, besará tu frente y tus ojos, alimentará tus labios y endulzará tu vida.
El olvido, un día lluvioso, una noche fría, un angustiante amanecer, un gris atardecer, abrirá tu puerta, ante tu asombro, enfriará tus manos, paralizará tus pies, endurecerá tu ceño y oscurecerá tu mirada, tu alma hambrienta llenará de otro sabor tu vida. El amor y el olvido son inciertos, pequeña mujer.
Ni al uno, ni al otro, se le puede huir. Esa es la única respuesta que existe.
6 de octubre de 2010
Suprise Ice
"When past sometimes take you with soft hands,
forcelessly pulls you to your chair"
El mar está tranquilo, extrañamente tranquilo, sólo la intensidad del sonido, el golpeteo rítmico de las olas sobre las piedras y la sensualidad de las caricias marinas sobre la frágil arena, advierten el momento que vivimos. La mirada se ha transformado, se ha suavizado, en relación a unos cuantos años atrás; la melancolía ha sido canjeada por una galleta con sabor a infancia.
Una sonrisa, como una sorpresa, nace. Reposa en mis manos esta sorpresa... sólo mía, sólo mía.
14 de junio de 2010
Suele suceder

Pasado
Nostalgia de las risas que cada vez se hacen más lejanas,
nostalgia de viajes y miradas a través de la ventana,
nostalgia de historias comunes y compartidas,
nostalgia de sentidos y silencios comprendidos,
nostalgia de la nostalgia coincidente.
De nuevo al ataque,
y cada día se hace más fuerte
la bestia que se desliza
por los peldaños
de una floja escalera.
No puedo respirar.
Y ya no me puedo esconder.
Ni quiero.
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Saudade
2 de abril de 2010
Fragmentos
- ¿Has dormido bien? Sentí ruidos en tu habitación anoche. Recordé que por estos días tus pesadillas se hacen más asiduas.
- He dormido. Ni bien, ni mal. Hay un momento en la vida en que sólo se cierran los ojos aún conscientes del riesgo que implica hacerlo. Estuve escribiendo hasta muy tarde. Perdona si te causé molestia alguna.
Vicente vivía en mi casa. Dentro de poco cumpliríamos tres años en una especie de convivencia incómoda pero necesaria, como los viejos y aburridos matrimonios, como las familias que arrastran a donde quiera que vayan un mal recuerdo. Había llegado maltrecho, apaleado, cubierto por un manto de terror que supuraba pus; sus ojos extraviados no permitieron encontrar en ellos el brillo de un ser humano, sólo dejaban entrever una fiera enjaulada, acorralada.
No supe con certeza qué me llevó a que sintiera por él un amor maternal, en apariencia inexistente en mí, pero una vez tocó a la puerta de mi casa no pude permanecer indiferente a su absoluto desamparo. Ya sabía yo lo que era llevar consigo una soledad asesina, aguda, temeraria.
- Estoy muerto Emilia, estoy muerto, vengo a que me entierres porque no tengo a nadie quien lo haga.
Sus palabras se agarraron a mi cuerpo como un cáncer. Vicente no tenía a dónde ir, no existía una familia. Estoy segura incluso que ni siquiera yo hacía parte de sus afectos más cercanos. Quizá meses atrás sólo habría leído la noticia en la que se anunciaba el premio que había recibido el que era mi marido en aquella época. En la foto del diario, sección de sociales, aparecía yo tan aislada, tan fingida, tan herida, mientras Juan tan anclado al mundo que yo no tenía recibía su premio a la mejor crónica periodística del año.
Premiado por su sensibilidad, premiado por la fidelidad con los hechos y su compromiso político. Nadie notó la tristeza en mis ojos, nadie notó que durante la recepción no estuve cerca a Juan ni por un momento como su esposa, como la mujer que lo había acompañado durante veinte años y quien era a todas luces su crítica más infalible, su correctora de estilo más fiel y su consejera gramatical, si es que existe algo así. Fui yo quien leyó, releyó, su crónica; quien sugirió su visita a los lugares donde los hechos podían palparse; quien corrigió sus frases cortantes y toscas con giros gramaticales suaves, humanos, humanos, humanos.
Ese día advertí que Juan estaba lejos de mi. Cuando llegamos a casa le di las buenas noches con una frase simple y segura. Juan me iré de la casa, no quiero vivir más contigo.
Juan no dijo nada. Era el momento indicado para romper nuestro matrimonio. Juan se había convertido en muy poco tiempo en una figura importante, viajaba dictando conferencias sobre la responsabilidad del periodismo en el país y la capacidad de reconstruir a través de sus crónicas la identidad de los que no tenían voz. Ni siquiera él notaría mi ausencia.
Una mañana lluviosa de sábado decidí que me iría a vivir en la casa que mis padres me habían heredado en las afueras de la ciudad. Nunca tuve miedo.
- Vicente pasa. Pasa.
7 de marzo de 2010
Un año atrás...
La puerta
Hubo que oír las voces detrás de las puertas,
hubo que sonreír lágrimas oscuras,
para que la vieja puerta cerrada
hiciera de la luz su amante.
El reflejo tímido aún atravesó el cuerpo tendido,
atravesó el vientre,
sacudiendo corazón y pulmones.
Hubo que escuchar el grito de una respiración nerviosa...
Y fue un dolor de cuerpo,
y fue un dolor de alma,
y fue una muerte lenta, triste, vacía y furiosa.
Una muerte lánguida del ayer.
Hubo, sencillamente, que escuchar los golpes en la puerta.
Abrirla y dejarle pasar.
A RG
Hubo que oír las voces detrás de las puertas,
hubo que sonreír lágrimas oscuras,
para que la vieja puerta cerrada
hiciera de la luz su amante.
El reflejo tímido aún atravesó el cuerpo tendido,
atravesó el vientre,
sacudiendo corazón y pulmones.
Hubo que escuchar el grito de una respiración nerviosa...
Y fue un dolor de cuerpo,
y fue un dolor de alma,
y fue una muerte lenta, triste, vacía y furiosa.
Una muerte lánguida del ayer.
Hubo, sencillamente, que escuchar los golpes en la puerta.
Abrirla y dejarle pasar.
3 de enero de 2010
El inicio del primero del año
Una húmeda y llorosa soledad
A mis padres
Como una pintura lavada en una pared
así fue tu soledad.
Como el trinar de un pájaro en la inmensidad del bosque,
como los fríos pies de una mujer bonita,
como la lluvia cayendo sobre la calle.
Desde el vientre de tu madre,
una soledad que colgaba de un trapecio sin trapecista,
una soledad pegada a la piel con el sudor del medio día,
una soledad arrullada por las nostalgias,
se pegó a tus ojos.
A mis padres
Como una pintura lavada en una pared
así fue tu soledad.
Como el trinar de un pájaro en la inmensidad del bosque,
como los fríos pies de una mujer bonita,
como la lluvia cayendo sobre la calle.
Desde el vientre de tu madre,
una soledad que colgaba de un trapecio sin trapecista,
una soledad pegada a la piel con el sudor del medio día,
una soledad arrullada por las nostalgias,
se pegó a tus ojos.
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5 de diciembre de 2009
Víspera

Víspera
En la víspera de la vida y la muerte
se suspendió tu suave respiración,
el rumor de tu risa,
la fuerza de tus delicadas manos.
En la víspera quedó un grito suspendido,
tu grito de auxilio,
mi grito de auxilio.
Un fanstasma escondido en el baúl del miedo
se burla de mi sombra,
se burla de la agonía que respiro.
Como un hueco en la tierra la herida se abre,
el manantial de hiel cubre con su lluvia un cuerpo,
el pecho se hincha, mis ojos se inundan.
En la víspera, muero.
No estoy.
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9 de noviembre de 2009
Lo que hacen los días...

Algunas veces - quizá la mayoría -
Algunas veces soy como las notas melancólicas,
que se desprenden de un piano antiguo.
También algunas veces soy como un pájaro,
un pájaro que se niega a seguir la corriente del aire.
Sencillamente algunos días el cielo está tan claro,
que por poco puedo tocar algunas verdades;
sólo que esos días son más tristes que todos,
la luz me agota y me llena la vida de cansancio;
días en los que el alma habla y llora,
en los que la saliva se hace espesa y amarga,
en los que los ojos se cubren de telarañas
y las manos de lodo.
Algunas veces transito por territorios desconocidos,
no importa no saber, no importa lo que es,
y de repente no quiero volver,
no quiero sentir el abismo,
no es miedo,
sólo que me siento feliz,
algo feliz,
un poco feliz.
Quizá ahora escriba la última línea,
ahora quizá sólo quiera cerrar los ojos,
sólo quizá ahora quiera caer lentamente.
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