
He revuelto mi casa,
también mi alma.
Me empolvé con cuadros viejos
y las telarañas de los libros me cubrieron de añoranzas.
Papeles, cartas,
fotografías, notas,
trozos de poesías,
y algunos retazos de recuerdos
habían permanecido ocultos
hasta que no tuvieron más remedio
que contarme una a una las lluvias que han pasado.
En otros soles jamás
revolvía mi casa
ni mi alma.
Es una tarde de domingo
Renazco:
Vuelvo a nacer,
Vuelvo a crear,
Vuelvo a creer y a crecer.
Quizá también pueda volver a tener...
Y en medio de estas lágrimas dulces
Nacer de nuevo
con los brazos abiertos
y los ojos secos.
Me di cuenta
al día siguiente,
al despertar,
que aquella sensación
de soledad y vacío
tan fríamente ocultada
había logrado salir
de mi alma,
envuelta en
las preguntas
de siempre
y en las respuestas
de nunca.
Había logrado salir
sentir la ausencia,
la ausencia cotidiana
Supe en ese momento
que había llegado
la hora
en que debía
recoger todo
lo que hasta ahora
me había acompañado:
una poesía,
un recuerdo,
los desamores
y las preguntas
al azar hechas
en las noches
de insomnio,
calladas
y serenas,
para emprender
un nuevo
camino
y descubrir
nuevas posibilidades.
Al recoger mis cosas supe que
Una posibilidad
cuando se decide
dar la espalda y