3 de noviembre de 2008

Ambientes gélidos



Hace frío


Hace frío…

También aquí dentro hace frío,

el leve recuerdo de unas manos

bordeando mi cuerpo

me trasladan a momentos vaciados

de sentimiento.

Ahora reposan sólo vestigios de sensaciones

que desaparecen con el tiempo,

amenazan con arrastrar rostros, voces.

Todo volverá a estar vacío.

Hace frío…

El recuerdo es sólo un pedazo de hielo

de los glaciales adheridos a la memoria.

Épocas


Septiembre


Como una mujer sin memoria,

así te extraviaste septiembre,

como la lluvia furiosa

cayendo en el tejado

formando explosiones acuáticas

y nudos cristalinos.


Así dijiste adiós.


Te sumergiste septiembre

en las gruesas lágrimas imprudentes,

que desde una región del pasado

hablaban del ayer.


El viento azotando ventanas y puertas

me alejó de tu ausencia, septiembre.

Llegaste.


Quizá esta noche te quedes conmigo.


Tu distancia como una soledad manifiesta

ocupa ese rincón

desde el que me observas,

haciendo tiempo para conversar,

o tal vez no,

sólo observas con asombro

mi cuerpo olvidado,

mi alma rebosante.


Mañana te irás, septiembre.


Cuando escuche al viento azotando ventanas y puertas

con certeza pensaré:

Has llegado, septiembre.

Seres pavesianos

Triste come me


A un ser pavesiano


Camino hacia esa pared,

la última del patio de mi casa

exageradamente gris,

descascarada por los años,

surcada por la melancolía,

herida por el pasado.

Un muro de suplicios,

parece en la distancia

Hacia allá,

hacia ella,

camino,

cansada de caminar arrastro los pies,

y un nocturno rugir de entrañas

es mi respiración.

Extraña belleza,

rara fascinación

por una pared con historia,

silenciosa, contenida,

llorosa,

que me lleva a la horca

como condenada.

Avanzo.

No, atrás no puedo volver.

No desandaré los pasos,

aunque el aire se escape de mi,

aunque mis pulmones se resientan

aunque mi cuerpo desfallezca.

Estoy cerca.

El camino cada vez más pedregoso

lastima mis pies desnudos;

mis manos palpan ya la superficie de la pared,

ahora exageradamente menos gris,

descascarada por los años

surcada por el pasado,

herida por la melancolía.

Las grietas diversas en formas y tamaño

muestran mundos misteriosos,

cada una es una vida vivida.

Desde una profunda ranura

oigo a alguien gritar

a través de una voz encerrada en el tiempo:

“No sucumbir, aunque seas tan triste como yo”

2 de noviembre de 2008

Las garras de la conciencia

Dolor de alma


Sangra el alma

y, agoniza la vida.

De pie,

dentro de una herida profunda

que supura pus y sangre,

envuelto en el sopor de la nostalgia

alguien se ahoga.

Unas manos malditas rodean su cuello.


Lentamente la vida asesinada,

sin oponerse a su propio desbridamiento,

sin un solo lamento,

sin una sola lágrima,

rompe en un carcajeo de muerte,

al advertir su propio destino.


Lánguidamente la muerte nace

a través de los ríos sanguinolentos

que inundados de pasado

escupen el dolor como piedras afiladas.


Un hilo de sangre

es el único testigo

de una profunda agonía.


13 de octubre de 2008

Sobre Alfonsina Storni

LA ESCRITURA POÉTICA EN ALFONSINA STORNI

Reencuentro con lo femenino escindido

A mi propio Horacio,

con quien he construido un camino distinto

al desamor.

El lenguaje poético es una expresión de lo sensible, de lo sensitivo; es una expresión también de lo cotidiano, de lo íntimo, de lo subjetivo, de lo político, portador de una recreación de lo vital en sus dimensiones más significativas a través del acto de escribir, en este sentido, la escritura poética halla contenido a través de una serie de afirmaciones y encuentros con el yo, un yo imaginado, un yo posible, un yo emancipado, un yo escrito, un yo enunciado, un yo liberador, un yo afirmativo. Así, las mujeres poetas, las mujeres escritoras, han encontrado en la escritura un espacio para habitar, un cuarto propio construido con el mismo lenguaje que durante muchos siglos las escondió, con el mismo lenguaje que históricamente las ha situado en el lugar de la musa o en la cima de la expresión indiscutible del eterno femenino.

En una especie de frontera transgresora han irrumpido desde ese lenguaje para confeccionar un lenguaje propio y rearmar su existencia: la mujer en la oscuridad de Víctor Hugo – Juliette Drouet – que escribe veinte mil cartas; la Delmira Agustini que intenta hacer de su esposo, su amante, en un desbordado apasionamiento y erotismo literario; la mujer que se sumerge en el mar, en la nodriza, advirtiendo que ya no vuelve… Nuestra Alfonsina Storni.

Alfonsina, considerada como un emblema de la lucha feminista, por su denodado esfuerzo en la búsqueda por el reconocimiento de hombres y mujeres como seres pensantes, según sus propias palabras, encarnó un tipo de escritura poética desde su propio reconocimiento como mujer, del reconocimiento de su cuerpo, y no a pesar de él, del reconocimiento de su sensibilidad y subjetividad, desde la necesidad de hacer del acto de escribir un acto de encuentro con un femenino escindido, revelando una psiquis inconforme y subvertora de su condición como mujer.

A través del velo misterioso que trae la poesía, la discusión, que aquí se propone, intenta discurrir sobre la posibilidad de hablar de una escritura femenina, en clave de la obra poética de Alfonsina Storni. Una escritura femenina, que no necesariamente la define el hecho de ser creada por mujeres – elemento analítico esencial – , que en el caso de la poeta, recurrió a metáforas liberadoras de la prisión de lo femenino y a figuras literarias subvertoras de las letras masculinas, enredándolas en su propia posición de mujer ante el amor, la vida, la muerte, la virginidad, la maternidad, la literatura, posición estructuradora y estructurante de sus temáticas poéticas, para hacer de su escritura un compromiso con la vida, y en sentido estricto, un compromiso político con la recomposición simbólica de la vida de las mujeres.

Alfonsina Storni pasó a la historia como una mujer desafiante del orden establecido, cuyas osadías intentaron romper los moldes construidos a partir de los cuales se definían las relaciones entre hombres y mujeres; logró a través de su existencia, de su actuación existencial, recuperar para su escritura un ser mujer, no esencialista; un ser mujer que en el acto de escribir se reencuentra con la historia de las mujeres y la resignifica, reclamando para sí su propia sensibilidad y haciendo de ésta una afirmación ante el mundo.

¿Cuál es el lugar que ocupa la construcción, el arte poética, en la narrativa de las mujeres? De antemano, es importante aclarar que no existe intención de equiparar un hecho concreto como la producción poética de las mujeres con la producción poética de corte feminista. Si bien, algunas mujeres poetas reivindican su condición de mujeres, no se podría afirmar que su producción poética se transforme en una expresión absoluta en contra del mundo patriarcal o la hegemonía masculina en los modos de producir la vida.

A través de la lectura a Alfonsina Storni pretendemos transitar a un terreno en el que lugar/topos de la poética se ubique en una línea compleja, línea vital, línea existencial, desde la cual se advierta la aparición de una construcción poética de las mujeres, entendiendo que el lenguaje y las mediaciones simbólicas mediante éste es comprendido, es una herencia. El lenguaje lo hereda el escritor bajo la forma literaria: una morfología singular adquiere el lenguaje heredado para las mujeres.

Quisiera a manera de ilustración traer a ustedes un hecho importante para explicar mejor el significado que quiero darle al lenguaje en la construcción poética en las mujeres. En una provincia de China llamada Huan, hace casi 400 años, las mujeres de la aldea crearon un lenguaje propio hecho por mujeres y para las mujeres, considerado por lingüistas como un sistema de comunicación único, que pretendía servir de escenario comunicativo para las mujeres que desde un discurso propio se enfrentan a la autoridad masculina, desafiando claramente la prohibición de entrar al mundo de los hombres a través del lenguaje. Así se crea el Nushu, que en chino traduce escritura de mujeres, una lengua de la vida cotidiana, una lengua de los sentimientos, de los sueños, de los deseos, de la vida de las mujeres, aprendida a través de la vía de madres, tías, hermanas e hijas. El 20 de Septiembre de 2004 moriría Yang Huayi, a los 98 años, la única mujer que dominaba completamente la escritura de la lengua. Con ella desapareció una lengua además de la desaparición de sus escritos en la pira funeraria de su autora.

El Nushu como hecho histórico pero también como acontecimiento lingüístico permite entender desde la sensibilidad femenina, entendiendo por sensibilidad femenina un universo singular a través del cual se interpreta el mundo, la necesidad, la urgencia que las mujeres han tenido por hablar y escribir desde lugares propios. Las mujeres poetas nos hemos encontrado con retos definitorios a la hora de escribir, en el sentido de hacer uso del mismo lenguaje que durante siglos situó a las mujeres en el lugar de la musa, en el lugar idílico de la inspiración, en este sentido, las mujeres poetas hemos tenido que reorganizar nuestra casa, la psiquis del alma, para encontrar el lugar desde el cual la escritura tenga significado y sentido para nosotras, un lugar en donde reconciliarnos con un yo lírico femenino, el mismo que se advierte en la escritura poética de Alfonsina Storni, un yo lírico que despoja las palabras de los sentidos tradicionalmente construidos para darles otro significado.

La escritura poética de Alfonsina Storni está construida, facturada, bordada, pintada, acariciada, en atmósferas naturales de una noción transgresora del amor, en aguas turbulentas de un corazón que desea morir envenado dulcemente por una serpiente, en la comprensión absoluta del Otro, ese Otro, que esconde su amor o brinda a cuotas su pasión.

En Storni nos hallamos frente a la certeza de la fugacidad y el instante de los afectos y los deseos, pero dicha certeza, tan singular en su poética, encuentra su cauce en un erotismo apasionante presente en su escritura, nos hallamos frente a una poeta cuya poesía es una extensión de su afirmación vital, de su vida, de sus reivindicaciones más íntimas, más sentidas: la mujer que se define como tal sin que medie el campo de lucha y conquista del varón respecto a otras mujeres; la mujer que desea suspender la cotidianidad, suspender el tiempo, para esperar quizá al amante, quizá al compañero; la mujer que se halla tan cerca de la muerte como una experiencia revivificadora, embelesada con la espuma del mar y el rugir de las olas porque allí define a ese hombre, a esos hombres que serán grandes, grandes porque comprenden a las mujeres, porque comprenden que las mujeres somos mar, somos tormenta, somos espuma y somos profundidad.

En Alfonsina Storni encontramos, sin que esa sea su intención explícita, una construcción de sororidad, que en palabras de Marcela Lagarde es amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices. Hay una mirada compasiva a aquellas mujeres que aún están bajo el régimen dominante, incluso de sus propias madres, hijas o hermanas, y una invitación firme y combativa a aquellas, que como ella, han abandonado el rebaño para volverse mujeres mentales, con imaginación y creación.

Nuestra poeta podría hoy definirse como una mujer que a través de su poesía logró construir un lugar propio desde el cual habitar; el mundo, el realismo, la sobrepasó, su escritura se convirtió en testimonio de su práctica existencial, reencontrando ese femenino escindido, que como pecado original, las mujeres cargamos.

El reencuentro con lo femenino escindido – los lugares propios de hombres y mujeres: la calle, la casa – en Alfonsina Storni es un levantamiento de voces ante la lógica cartesiana imperante en el mundo masculino. Con Storni escuchamos una voz política que reclama el sentir para tener la certidumbre de estar vivos y descubrimos un camino para avanzar en nuestras propias construcciones sobre el Otro o la Otra.

Con la poeta avanzamos por un camino difícil, definido por los senderos del amor-pasión y amor-sufrimiento, en el duro reencuentro con nosotras mismas, construyendo opciones ante la vida: la maternidad, el madresolterismo, el amor desmedido, la colonización de espacios masculinos conservando una identidad, la mutilación de nuestro cuerpo, el suicidio. En Alfonsina se advierte que las mujeres – no necesitamos – deseamos compañeros capaces de concebir a una mujer amiga y amante, sin que ello signifique amenaza y peligro, denuncia los espacios limitados a los que nos reducimos los hombres y las mujeres en nuestras relaciones, con limitadas también posibilidades de conjunción, obligándonos a tantear las percepciones e impresiones que el Uno construye respecto al Otro, en aras de allanar el recorrido del amor a la amistad, o de la amistad al amor.

En la escritura poética de Alfonsina se denuncia un miedo amorfo hacia la mujer, un miedo no superado, un miedo que alimenta el mundo simbólico de lo masculino. Ese ideal virginal, al que Alfonsina se enfrentó, se reconstruye en su poética como parte de un ideario masculino, pero la poeta con fuerza se distancia de ese ser mujer que se debate entre el ideal de pureza y el deseo; entre el cómo desear sin sentirnos culpables.

No es fácil abordar una poeta con la intensidad que caracterizó a Alfonsina, no es fácil abordar una obra poética tan intensa, tan llena de sensaciones y complejidades, tan llena de melancolías y deseos de muerte, pero a través de su escritura es posible destejer en sus metáforas los caminos que nos permitan a hombres y mujeres acercarnos en el re–conocimiento mutuo, en el re–conocimiento de una sexualidad libre y compartida, en el re–conocimiento de nuestras posibilidades, nuestros temores, nuestros deseos, nuestras inseguridades y nuestras respuestas. En Alfonsina el camino a través su escritura evidencia la necesidad de más lenguaje, menos genitalidad; mayor erotismo, mayores metáforas para acercarnos.

La escritura poética en Alfonsina es la respuesta a un ideal de mujer que la poeta no representa, se rebela a este ideal, presentándose a sí misma como una ruptura, como una mujer que quiebra con el rebaño y se va a la montaña, fatigada del llano, como lo afirmara en 1916 en su poema “La Loba”, deseando liberarse de hombres pequeñitos que no la comprenden, renunciando por supuesto a quedarse en la jaula que un hombre pequeñito sólo puede dar, deseo plasmado en “Hombre pequeñito” publicado en 1919.

En 1925 la poeta se oirá con una voz mucho más fuerte a través de la “La otra amiga” y “Y agrega la tercera”, en donde se define como una mujer mental, cuya condición la hace perdedora en negocios de amores. Reclama para la mujer un ideal femenino distinto al que crean y desean los hombres, sin perder el lazo que anudará su escritura hasta 1938, fecha de publicación de su último libro, el lazo de la conciencia, una conciencia que grita el silencio de las mujeres, un silencio que arrastra amarguras, honduras en el alma, libélulas nostálgicas que se escapan por las rendijas de los silencios y las sombras. ¿Cómo sacamos lo que en el alma se halla encerrado? ¿Cómo gritamos cuando no tenemos un lenguaje suficiente para hacernos entender? ¿Cómo encontrar el camino para no regresar al mundo del llanto sin aspavientos, del grito atorado en la garganta?

¡Sólo el hombre hace ruido! Afirmará Alfonsina en “El Silencio”. Las mujeres no hacemos ruido, o lo hacemos de otra forma, no logramos hacer ruido. Como liberadas de los yugos unas, como tristes y nostálgicas otras, llevamos a nuestras casas interiores los gritos que no podemos dar. Las mujeres, algunas veces, quizá imploremos que nuestros hijos no nazcan mujer.

La poética en Alfonsina Storni, como en otras experiencias literarias de mujeres latinoamericanas, es más que un don, es más que la maestría con la que poco a poco se fue liberando de los cánones de la poesía para rescatar su propia interioridad, es un punto de fuga, es una línea que conduce hacia el encuentro del destino. La tragedia de la literatura vivida y sentida se halla en la imposibilidad de encontrar divisiones esquizofrénicas entre el universo literario y el universo de la experiencia, así en Storni se conjuga la literatura como una continuidad de la experiencia del ser mujer en una época compleja. La factura de sus poemas testimonios poema nos lleva a pensar en una escritura bordeada por abismos interiores y misteriosos, capaces de convertirse en las espinas del rosal del alma.

La escritura poética sólo es posible en la línea en la que se suspende la experiencia vital y el encuentro del poeta con una lucidez que solo éste puede encontrar. En Alfonsina Storni las sensaciones cobran vida, las sensaciones se anudan en una rebeldía por afirmarse como un singular movimiento del aire, como un singular sonido del mar, se afirma desde el deseo por distanciarse de la frivolidad femenina, por resignificar los afectos, los mismos que se entrelazan a través de la tinta que se derrama en su corazón.

Alfonsina escribe desgarrada, escribe con esfuerzo, escribe con alas de mariposa, con la boca abierta aspirando grandes bocanadas de vida, porque tiene el presentimiento que poco durará. Escribe en el rincón cada vez más amplio entre las palabras y la experiencia, que se condensa en el movimiento del lápiz con el que escribe, diluyéndose en una gran mancha de tinta transformada poco a poco en posiciones de vida.

Alfonsina escapó, se perdió en la calidez del mar. Intentó hacer un hoyo el cielo, intentó resquebrajar el cristal que las sensaciones que la envolvían, que la acompañaron desde su más temprana juventud, pero sólo pudo irse a dormir, cerrándose ante el mundo como una gota de agua cayendo, arrastrándose por un cristal a través de un infinito recorrido, inmortalizado mediante su propio acto de escribir.

Alfonsina se reclamó como mujer, como sujeto activo del vínculo amoroso, como sujeto determinante de su propia existencia. En Alfonsina encontramos una poesía testimonio, una poesía que devela un alma desbordada, apasionada, tejida con la seda de la naturaleza y regada con el agua del mar. Una poesía que se conecta con el dolor, la vida, el amor y la muerte.

17 de agosto de 2008

Lugares no encontrados




Viajamos, nos desplazamos, como ausentes en este vagón de tren. Afuera todo es movimiento, adentro nada se altera. Me encuentro inmóvil, sólo advierto tu calor, la presión de tu brazo sobre el mío. Tu mirada encuentra la mía extraviada, te brindo una sonrisa y me acuno en tu pecho.

Duele tu hermosura, tu pureza, tu calidez. Como un ser cósmico estás rodeado de amarillos pétalos. Te veo lejano, te siento cercano. Derramas sobre mí los pétalos que te visten, me embriago con mil aromas y el mar canta una tonada. Los pétalos nadan, viajan, se desplazan a través de la corriente.

Arde el fuego en la chimenea. Afuera nada se altera, adentro todo es movimiento. Sentada al lado del ventanal, desnuda, espero, escribes, espero, escribes.

21 de julio de 2008

21 de junio de 2008

El cuerpo es poesía

Autorretrato con los brazos abiertos

3 de junio de 2008

Miedos


El Sueño



¡Ay! Como me duelen
las manos de ella
enredadas a las manos tuyas,
sus dedos, los dedos de ella
son cañas de bambú bajo mis uñas.
Sangran mis manos,
se desangra mi alma
y me estoy ahogando.

¡Ay! Como me duelen
los brazos de ella
atados a los brazos tuyos,
sus brazos, los brazos de ella
son cuerdas alrededor de mi garganta.
Sangra mi garganta,
se desangra mi alma
y me estoy ahogando.

¡Ay! Como me duele
el cuerpo de ella
sobre el cuerpo tuyo.


Tu cuerpo inmóvil, tendido, suspendido.
Gritan tus pies,
pero tocarlos no puedo,
dar un paso no puedo.

La mujer sobre ti es un fantasma,
un fantasma que nos persigue.


Me acecha desde la oscuridad
y,
desde sus entrañas nace un grito mordaz:
“Estas tierras son mías”.

2 de junio de 2008

Historias Breves de Amor


Carta a una mujer engañada

Tú, mujer,
no creas que soy yo.

La culpable no soy de tus angustias,
de tu dolor,
de tu infinita agonía.
No soy yo.
Expúlsame del odio que albergas en tu corazón.

Yo, mujer,
lejos estoy de marcarte a través del sufrimiento,
ausente estoy de tus noches en vela.
No podría causarte tristeza alguna
deleitándome en placeres prohibidos.
Nunca podría llevarte al abismo
a causa de mis libertades y desatinos.
Soy yo misma una mujer como tú.

Mujer,
Sé tanto como tú de desamor.
A mí me ha ganado el corazón,
A mí me ha golpeado la traición.
He navegado por los pozos profundos de la desolación.

Por eso no soy yo quien tú crees que yo soy.
Corre, vete corriendo, corre más rápido,
que el esfuerzo te ahogue,
que el corazón se apresure,
te aguarda él.
Llega pronto
y,
ponte el vestido de color azul,
llénate de rojo deseo,
embelésate con amarillo perfume,
embriágate con los aromas de tu rosado sexo,
arrebátate con tus marrones pechos,
descúbrete
y,
sé hoy,
una Mujer.

Sé hoy,
la mujer que tú crees que soy yo.

26 de mayo de 2008

Historias breves de Amor


El vestido que te gustaba


Está arruinado
el vestido rosado,
con el que me caí aquel día,
lleno de polvo y sudor,
descocido y remendado,
su tela casi transparente,
reveló mi desnudez.


Tantos años ha viajado,
sirviendo de pañuelo, cama y mesa,
de abrigo, comida y bebida,
pero,
hoy,
cada costura habla de una historia.

El roto de aquel día,
el día en el que me caí,
ha quedado sin coser.
Pesa en el alma,
no en el cuerpo,
y,
me hace llorar,
me hace entristecer.

He cosido otras historias,
con aliento a dolor,
pero este roto,
no lo puedo coser.
He colgado el vestido que te gustaba
en un ropero y viejo y profundo.
Desde el fondo del ropero,
el vestido rosado,
con el que me caí ese día,
me decía:
Tengo una tristeza corazonuda.
Tengo una tristeza almática.

Nocturnos y Diurnos

4
Entre la noche y el día


Te ha reclamado mi cuerpo
en la noche,
sus gritos insoportables
te buscan.

Agobiado se resigna,
no hay rastro de ti,
no hay huella a seguir,
no hay recuerdos a alimentar.
Sudores y temblores,
lágrimas y sangre,
sueños y deseos,
te dibujan en la oscuridad.
Duele mi cuerpo en la noche.

Al amanecer,
llega el día,
no quiere despertar,
no quiere buscarte,
no quiere llamarte,
pero te huele,
te siente,
te persigue sin hacerlo.
En el día mi cuerpo se duele.

Entre la noche y el día,
entre el día y la noche,
mi cuerpo se pierde.

En la noche al estar desnudo,
grita,
se funde en la naturaleza oscura de la noche,
en fugaces instantes te halla.
En el día al estar vestido,
llora,
se avergüenza ante la claridad por sentir,
se esconde y llora en las rendijas de las horas.

Las lágrimas de mi cuerpo
me ahogan.
Lágrimas y tormentas internas,
me golpean.



27 de abril de 2008

Las manos que nacen de la tierra

Manos

Manos semilla,
manos árbol,
manos flor.
Manos hacedoras de verdad,
manos forjadoras de ternura,
manos constructoras de amor,
manos fuertes, recias, bondadosas.
Manos de antiguo guerrero,
Manos de corazón.

1 de febrero de 2008

Breves

Murmullo

Sólo soy
un gemido
ahogado
en la garganta.
Como un eco de dolor y pasión,
como un pálido reflejo del deseo.

22 de enero de 2008

Se cuela por los resquicios del alma

Silencio

Has entrado en mi,
me has penetrado,
me has poseído,
me habitas…
Me siento ligera,
no llevo cargas,
estoy desnuda y
puedo dividirme en dos.
Sentir el fuego
que consiente la tierra,
respirar el aire
después de la lluvia…

Soy como un pez danzando
ante San Francisco de Asís,
rebosante de felicidad...

Oh! Silencio…
Me has hecho tuya…

Historias Breves de Amor

No viniste nunca.
No llamaste después.
Era importante que vinieras alguna vez.
Esa llamada, la que no ocurrió, podría haber sido fundamental.
No fui, no pude, quizá nunca podré.
Entonces ¿para qué llamar?
¿Podría ir alguna vez?
Ayúdame a quitarme del alma esta sensación.
¿Me la explicas?
En las mañanas… es la de no encontrar la puerta para abrir tu casa;
en las tardes… es la de no saber llegar a ella;
en las noches… es la de no tener certeza sobre el lugar donde habitas, al que pueda llegar y abrir la puerta tal vez.
No quiero que llegue la noche,
No quiero que la noche llegue.
Nada puedo decir.
No eres culpable del puente roto que existe entre los dos.
Me voy.
Yo me quedo aquí… Te veré hasta que tu figura se pierda a medida que la distancia se hace más grande.

Afirmaciones

Ya no soy la orilla que espera,
soy la ola del mar que la golpea.

Ya no soy la luna de medianoche,
soy los ojos del insomne que la observa.

Ya no soy la poesía,
soy escritura sin fin, con ritmo propio y belleza singular.

Ya no soy el espejo,
soy el cristal limpio, diáfano y puro.

Ya no soy los pasos de quien camina,
soy el camino mismo.

14 de enero de 2008

A propósito de una noche de domingo: entre el insomnio y la nostalgia

Salomé. Gustav Klimt.
Y él dibujó una ventana en el aire por la que se asomaba tímidamente para verla sin que ella lo supiera, la veía cada día, le hablaba sin que ella lo escuchara, le acariciaba el cabello con la misma cadencia con la que el viento lo hacía. El observaba cómo ella prodigaba sonrisas a quien se encontrara, le asombraba su carita de felicidad y alegría cada día. Ella corría, iba y venía, la vida no le pasaba. Ella le pasaba a la vida... Un día ella descubrió la ventana y miró a través del vidrio. La ventana se encontraba sin seguro. Sin esfuerzo pudo abrirla y se encontró así frente a ese rostro nunca antes conocido, o quizá si, o tal vez no. Entre el asombro y la ternura no lograba saber en qué estación de su vida habría podido dibujarlo de memoria, a veces tan claro, a veces tan difuso. Entre la nostalgia y la vergüenza, él quiso cerrar la ventana en un solo movimiento. Ella lo detuvo y abrió la ventana de par en par. La ventana nunca más se cerró.

8 de enero de 2008

Historias Breves de Amor



Un buen día/un día bueno


Un buen día

al abrir los ojos

tu olor se había extinguido,

tu presencia/ausencia ya no era,

quizá nunca estuviste presente,

ni tampoco un simpático ausente llegaste a ser.


Un buen día

no recordé tu nombre,

olvidé tu calle,

se esfumó tu rastro,

ocurriría, ocurrió.


Hoy por casualidad te he encontrado,

te vi perdido en las sombras de mi memoria,

la duda era una verdad - pensé -.

Una sonrisa te ofrecí.


Al cerrar mis ojos en la noche

susurré a la oscura soledad:

fue un día bueno.


Qué es un olvido?

Un recuerdo que se esfuma un buen día para hacer de éste un día bueno.

Historias Breves de Amor

El amor es también un desencuentro...


Una mujer lee un libro,

de cuando en vez

se le escapa un suspiro,

de cuando en vez

se hincha su pecho

y derrama un lágrima.

Esa mujer espera al leer un libro.


Un hombre lee un libro,

de cuando en vez

se le dibuja una mueca,

de cuando en vez

se frunce su ceño

y dibuja con sus dedos un No.

Ese hombre busca al leer un libro.


Entre esperar y buscar

ese hombre y esa mujer

no se cruzarán jamás.

7 de enero de 2008

Amigas

- Si, creo que tiene el tipo Phill Collins. Señaló Chloé la amiga de Mónica.

Mónica la miraba. Pensaba que Chloé siempre tenía una forma particular de describir a las personas, así se colaban en sus conversaciones permanentemente frases como "Annie tiene el tipo Lady Di". "Pablo tiene el tipo Ché Guevara". "Recuerdas a Marcos el que tiene el tipo Trotsky? No te entiendo Monic, cómo puedes olvidar a un hombre como Marcos, no sé cómo haces". Parecía que Chloé era incapaz de relacionarse con alguien si de antemano no podía ubicarla en una infinita lista de tipos, que iban desde antiguos personajes históricos, pasando por literatos y políticos, hasta personajes de lo que ella llamaba el mundo de cristal o el mundo de la farándula. Ninguna persona escapaba a sus clasificaciones, particularmente los hombres, sus amantes, sus amigos, sus compañeros de trabajo encontraban en el inmenso album de tipos, como los definía Chloé, un lugar. Incluso había tipos con mayor demanda que otros.

- Chloé ¿qué importancia tiene que sea del tipo Phill Collins?.
- Monic, es importante, creéme. Su rostro es claro, despejado y su cuerpo parece tan liviano que no tendrás que sobrellevar el peso de su existencia, yo sé de estas cosas, tengo intuiciones.
- Creo que exageras Chloé. No puedes hacer tales conjeturas tan sólo porque desde hace una semana, me lo encuentro todos los días a primera hora en el kiosko del periódico y me saluda amablemente. Hoy en día las personas somos amables con el fin de sobrevivir, no hay nada de especial en un cálido saludo, es parte de la contribución diaria a la existencia, es parte de la cuota para sentirnos menos egoístas, menos mezquinos, menos solitarios.
- Así no lograrás nunca – afirmó en forma inquisitiva Chloé – atravesar la línea sutil de lo humano. Siempre tienes una forma de esquivar cualquier gesto acogedor que la gente tiene hacia ti. Huyes, te guardas, te confinas a ti misma.
- Basta, no empieces, ya tengo memorizado tu sermón. Soy como soy Chloé. ¿Es tan difícil reivindicarlo? ¿Es tan incomprensible?. Termina pronto tu café y vámonos. Prefiero, como decía Borges, ser nadie para ser todos los hombres.


Mónica había conocido a Chloé veinte años atrás cuando cursaban ambas sus estudios de secundaria. Su belleza con los años se había acentuado, de aquella niña tímida no quedaba rastro alguno. Chloé se había convertido en una mujer llamativa, demasiado llamativa, a juicio de Mónica. Desde sus 1.80 centímetros de altura se desgajaba cual cascada su larga cabellera negra, contrastando con su piel blanca aterciopelada, sus ojos negros y grandes dibujaban con su mirada una especie de abandono, del que no era del todo consciente su poseedora. Su nariz recta, casi perfecta, armonizaba con sus labios gruesos y definidos, cuyo color natural daban brillo final al cuadro de su rostro. Sus formas eran provocativas, al caminar sus piernas se mostraban firmes y seguras, sus amplias caderas tenían un movimiento dulce, una música cristalina se desprendían de ellas.

Mónica también era bella, pero su belleza era una belleza triste, su belleza se pintaba en su rostro con acuarelas de color pastel. Era mucho más baja que Chloé, caminaba más lento y sus movimientos jamás se advertían como precipitados. Mónica daba la impresión de meditar cada paso con extrema delicadeza, sus manos siempre estaban en los grandes bolsillos de sus abrigos, caminaba con encanto y sus ojos color café parecían siempre extraviados, miraba más allá del punto fijo que miran el resto de los mortales. Su rostro era redondo, tenía unas pequeñas pecas en sus mejillas que le impedían desprenderse de cierto aire infantil, sus labios estaban muy bien delineados y al reír una sensación de calidez rodeaba el ambiente. Se enamoraban de su sonrisa, sólo que sonreía poco, o quizá sonreía lo necesario, o tal vez un poco menos de lo necesario.

Mónica y Chloé se reunían frecuentemente después de las cuatro de la tarde para hablar antes de que el día muriera, era casi un ritual, elogiaban sus respectivos abrigos, botas, bufandas o guantes; se escudriñaban espiritualmente. Mónica salía de la agencia de publicidad en la que trabajaba y se dirigía caminando a un pequeño café, donde su amiga ya la esperaba con un cigarrillo y una revista de farándula. Cuando Mónica llegaba a la mesa, Chloé siempre levantaba su mirada y señalaba la revista afirmando: “Investigo algunos tipos Monic”.

1 de enero de 2008

Un recuerdo


La lluvia acariciaba la noche, le hacía el amor a los tejados, a las ventanas, a las plantas, a los pocos traseúntes que osados caminaban por las calles empinadas del barrio en el que Mónica vivía desde hacía siete años, los mismos siete años en los que se había preguntado cada enero el por qué del abandono sin explicación, el abandono al que la había sometido aquel viajero de los mares del sur. No dolía la herida ya, había continuado su vida sin el menor asomo de tristeza, las huellas en su rostro dejadas por las lágrimas se habían borrado aquel primer mes del año 2000 en el mismo momento en que cruzó la puerta de salida del aeropuerto.

La lluvia, la fecha y su espíritu melancólico la llevaron nuevamente a aquel momento. El caminaba lentamente hacia su sala de embarque, el pasillo se hizo entonces más largo, el bullicio de la gente que iba y venía se hizo silencio y el corazón se hizo un nudo. El se iba, él se fue. Mónica no podía seguirlo, el aguijón de la duda se había clavado en su alma días atrás, tenía la certeza que nunca lo volvería a ver, el amor cultivado durante un año atrás había muerto en una parodia de mala cosecha. Un mes después sólo una carta, simple y categórica, le afirmaría lo que ya sabía. "No me busques, no volveré por ti. J.P." No tenía otro camino: el camino del recuerdo.

Un día nuevo


No había dormido bien. En los últimos tres meses Vicente no lograba conciliar plenamente el sueño, la necesidad de recordar, el frío intenso que atravesaba sus huesos y la inclemente soledad, eran sus mayores impedimentos; ni la leche tibia que tanto le recomendaba Mónica, en la que se convertía la última llamada de la noche, lograba tener un efecto positivo sobre su estado. Ese día fue diferente, pese a que la noche había sido un fantasma tenebroso, algo había renacido en él al despuntar el alba. Era un día nuevo y tenía plena conciencia de ello. Arrojó las cobijas de su cuerpo, sus pies fueron sensibles al contacto con el suelo, tomó fuerza, avanzó cuatro pasos y abrió las cortinas de la ventana para que la luz pudiera entrar. Si, se dijo, es un día nuevo.